Hasta la doctora notaba la tensión entre ellos y eso era algo nuevo, pero lo que más le sorprendía era que ambos no estaban el uno sobre el otro como siempre solían estar. Ahora, Laurie estaba apoyado contra la puerta y de brazos escuchados, con la mirada baja. Y Zack la miraba atentamente, sin quitar sus ojos de ella. —Bien, estás mejor y no he encontrada ninguna señal de amenaza—sonreía ella—Pero, ya sé el sexo del bebe, ¿quieren saberlo?. Zack ni si quiera lo había dudado—Sí. En cambio, Laurie saltó de su lugar—No, aún no. El moreno frunció el ceño, mirando esta vez hacía Laurie. Megan y Zack giraron hacía él, confundidos. El castaño solo negó con la cabeza, no quería saberlo aún, no estaba listo aún. —Entonces, pueden llamarme unos de estos días y se los diré con gusto, solo pónga

