El rizado se retorcía de la risa en aquella carpa. Mientras Lewis reía incómodo, no había pensado que una de las reacciones de Henry sería esa. Infló sus mejillas, mientras el rizado seguía riendo. —No soy tan idiota Lewis, ya, ¿qué es lo que querías decirme?—continuaba Henry, al terminar de reír. Lewis tragó saliva, antes de hablar—Eso es Henry, soy un hombre lobo. Se que no me creerás, pero no tengo problemas para demostrártelo. El rizado lo miró bien, tratando de encontrar algún rastro de burla en los ojos de Lewis. Más solo divisó miedo en ellos, aquellos ojos azules brillaban para él. —¿Es en serio? Esas cosas no existen—decía Henry, superior. Lewis asintió—Entonces yo no existo, te lo probaré, solo cierra los ojos. El ojiazul se deshizó de su camisa, luego de sus bermudas y por

