Abrí mis ojos. Al mirar a mi alrededor, supe al instante que me encontraba en el hospital. La oscuridad penetraba en las ventanas de aquella habitación. El aire era gélido pero agradable para mi cuerpo. El electrocardiógrafo producía un sonoro pitido conforme mi corazón latía. Me hallaba conectada a tubos y aparatos los cuales no sabía de su existencia. Una ráfaga sobre lo que había ocurrido invadió a mi mente. Recordé el disparo. La bala que se había introducido en mi pecho. Conmemore la última cavilación de mi memoria en aquella escena. En ese instante me juré a mí misma una muerte inmediata. Pensé que jamás volvería a sentir el aire subir a través de mis pulmones. Más ahora me encontraba en una lóbrega habitación, sin saber que había sucedido. Que había sucedido con Marcus. Un

