Todo fue realmente pacifico, dentro de mis hastiados días en el hospital. Amy me visitó varias veces. Bill también lo hizo. Él se sentía culpable por el disparo, sin embargo, al hablar con él y decirle que realmente no había sido su culpa, pudo finalmente, marcharse con una sonrisa en su rostro. Una tarde, mi madre, la mujer a la que jure no volver a ver nunca más, se apareció en mi habitación con un ramo de margaritas. Al principio me moleste. Sentía que la única razón de su presencia en aquel lugar, era porque le habían informado acerca de mi inocencia. Sin embargo, mi madre me pidió un perdón que parecía genuino. Supe que todo había quedado en el pasado. Mientras tanto, estaba harta de estar en el hospital. La comida era horrenda. Y las noches eran gélidamente solitarias; en e

