Finalmente, después de días infinitos, me dieron de alta en el hospital. Salí extremadamente alegre sobre una silla de ruedas, que me trasladó directo a la salida. Mi madre y Amy me guiaron, acompañándome en aquel día donde la oscuridad comenzaba a ser remplazada por luz. Al merodear por los pasillos, la gente comenzó a mirarme. Algunos me lanzaban sonrisas. Otros simplemente me juzgaban con la mirada. El periódico apareció, con algunos de sus fotógrafos y reporteros, tratando de que contestara algunas preguntas sobre el asesinato y el caso de Marcus. Los ignore. En aquel momento, solamente pude enfocarme en aquella libertad que corría por mis venas. Solamente pude enfocarme en el horizonte del pintoresc

