MARCUS. No podía dormir. Divagaba, por el sendero de mi mente, hasta que, un pensamiento sobre mi madre adoptiva aterrizó en mi conciencia; me encontraba en Seattle, en la misma ciudad que ella. Tenía que visitarla. Un impulso, despertó dentro de mí, avivándose con cada segundo que transcurría. Salté fuera de la cama; a consiguiente, me vestí, saliendo apresuradamente de la habitación. El cielo se hallaba grisáceo, a causa del nebuloso clima. Las estrellas eran distantes, y un agradable viento con olor a tierra fresca me envolvía. Camine con lentitud, mientras las llaves del auto, que se aferraban a mi mano, tintineaban, a compañía del crepitar de las zancadas de mis zapatos contra el suelo. Dentro de mis pensamientos, desee con todas mis fuerzas que mi madre se alegrase al verme. Fina

