Eran las 7:32 pm. Bill y yo nos encontrábamos esperando a Marcus, incorporados, en medio de una afonía que se extendía por la sala de espera. ¿Qué puedo hablar con Bill..? A veces me miraba fugazmente, fingiendo una sonrisa. Cerraba los ojos con firmeza, escondiendo su cabeza bajo sus grandes manos. El entorno era un murmullo, compuesto por delicados pasos chirriantes de enfermeras que deambulaban en los corredores, dimanando una tenue luz alba parpadeante. Un aroma a analgesia, impregnaba mis fosas nasales, mientras lo gélido del ambiente extendía el inagotable intervalo en esas irritantes bancas. Minutos después, Bill lanzó un ensordecedor suspiro. Percibí su mirada clavándose en mí, voltee, y me musitó en voz baja: —Hay algo que no les conté, a ti y a Marcus. Algo dentro de

