Prólogo
20 años atrás...
Era una fría tarde invierno, unos días antes de noche buena. Es una de esas tardes que lo que más se apetece es estar en la cama tomando un chocolate, viendo una película, abrazado de un ser querido.
El pequeño Alexander va entrando a su enorme casa, muy emocionado, ya que fue con su abuela a comprar los regalos para sus padres, y amigos. Alexander es un pequeño alegre, amoroso, que ama a su familia, es un gran niño.
—¡Abuelita, Abuelita!, ¡¿Crees que a mis papis les gusten los regalos que les compré?!
—Por supuesto mi niño son hermosos. Anda ve cambiarte, para que comamos.
El pequeño Alexander hace lo que su Abuela, le pide. Toda la tarde se la pasa con sus abuelos, jugando, y viendo películas. Cuando por fin se oscureció su Abuela, lo va a acostar.
—Duerme mi niño hermoso.
—Si, abue, ¿A qué hora llegan mis papis?
—No lo sé mi amor, pero de seguro tarde, así que mañana les darás sus regalos.
—Mmm... Está bien.
El pequeño le da un beso a su Abuelita, y espera una par de horas a qué todos estén dormidos, para levantarse, está ansioso, quiere darle sus regalos a sus padres, saca los regalos de su closet, y va al cuarto de sus padres, decide esconderse en el closet para sorprenderlos.
Pasan 10 minutos, y escucha unos gritos que lo sorprende y lo asustan:
—Maldita zorra, ¿Cómo pudiste engañarme con Roberto Villalobos?—Es su padre gritándole a su madre y escucha un par de cachetada ¡Zas! ¡Zas!
—Déjame explicarte Dimitri, las cosas no soy como tú crees.
—Que me vas a decir: Si lo vi todo, eres una ¡PUTA!, dime: ¿Todo el dinero que me robaste, se lo diste a ese maldito? Nos dejaste en banca rota.
Dimitri toma del cabello a su madre la empuja contra la pared.
—Por favor Dimitri, déjame hablar—dice su madre con la cara ensangrentada.
Escucha que su abuela toca la puerta desesperadamente: —Dimitri abre puerta, no hagas algo que te puedas arrepentir
El pequeño Alexander no entiende lo que está pasando, ve a su madre tirada, y a su padre muy enojado, está muerto de miedo, sus pequeñas manos le tiemblan, y su respiración es rápida, no sabe que hacer pues tan solo es un pequeño de 7 años.
Su padre camina hacia el buro de su cama, abre el cajón, y saca una pistola, le apunta a su madre.
—¡Dimitri! Por favor, hazlo por tu hijo.
Pero Dimitri no entiende, de razones, y le disparará una y otra vez a su madre. Y después se da un tiro en la cabeza.