—Sí, eso. Decía que era muy aburrida y que le hacía falta más color —explicó con una sonrisa agridulce. —A mí me parece perfecta tal como es —dije y Esteban me abrazó. —Muy de hombre, ¿eh? —pregunté divertida. —Ordenado, me parece que no le gustaba mi forma de ser. Decía que era como un viejo—comentó y yo hice una mueca. —¿A qué chica no le gusta que un hombre sea ordenado? —pregunté sorprendida y olfateé el cubrecama que olía exquisitamente bien. —A ella no —dijo Esteban con una triste sonrisa. Me sentí un poco mal por él porque me identifiqué. —No le gusta mi personalidad… —comenté mirando la nada y el me observo sin comprender —me refiero a Erin — comenté, recordando. —¿Por qué? Eres un poco extrovertida y loca, pero caes bien —dijo Esteban divertido y me dio un pequeño puñetaz

