Pronto, alguien se sentó a mi lado, y descubrí que era Esteban. —¿No tenías prácticas? —Pregunté, y él asintió. —Sí, pero te vi a lo lejos, un poco triste, y quise venir para ver si estabas bien. —Ya te estás tomando muy bien el papel de novio. —Comenté, divertida, y apoyé mi cabeza en su hombro. Él me envolvió en un abrazo, y nos quedamos allí en silencio durante algunos minutos, sin decir una palabra. Me sentí muy cómoda en sus brazos y con el silencio. —Sabes, a mis madres les gustaría conocerte. —Dijo Esteban. —¿Tus madres? —Pregunté, curiosa, incorporándome, mientras él asentía. —Sí, mis madres. —Confirmó, y yo sonreí. —Pues me gustaría conocerlas también. —Le dije, y él sonrió. —Entonces, ¿algún día lo harás? Tengo que estudiar, y como estamos en la misma materia, me pregunta

