capítulo 41

1214 Palabras

En las fronteras del imperio, cerca de Amatista, se alzaba una fortaleza discreta a orillas del río que dividía ambos territorios. Esa construcción, robusta y vigilada, servía como base del segundo príncipe. Allí no solo se alojaban soldados del emperador, sino también desertores que, descontentos con las nuevas políticas del príncipe heredero, habían jurado lealtad a Sebastián. El segundo príncipe se había asegurado de rodearse de hombres que lo obedecieran ciegamente, aun si eso significaba traicionar la corona. A la distancia, se aproximaba un escuadrón de caballería. Al frente cabalgaba el alto general Alerik, ministro de guerra. Bajo su mando, habían localizado a los bandidos responsables de múltiples emboscadas recientes, y ahora aguardaban instrucciones. Sin embargo, antes de que A

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