capítulo 4

1093 Palabras
La tarde pasó con rapidez, y mientras la princesa Serena paseaba por los jardines con su invitada, la joven Elira, tres caballeros se acercaron a ellas. Uno era el hermano mayor de la princesa, el duque heredero de la Corona, y los otros dos eran el Alto General Alerik su hermano menor, el joven heredero del condado Ferreira. Al verlos aproximarse, Elira hizo una respetuosa reverencia. Serena, saludando con alegría, exclamó: —Hermano, ven, quiero presentarte a la señorita Elira de Estarim. Es de quien te hablé. El joven duque se acercó a Elira e inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto. —Un placer conocerla, señorita Elira. —El gusto es mío, joven duque Milton. Serena, al percibir la manera en que su hermano observaba a Elira, añadió con tono ligero: —¿Quieren acompañarnos? Estamos por tomar el té. —De hecho, nos dirigíamos al campo de entrenamiento para reunirnos con los jóvenes de la Casa Ferreira … Pero antes de que terminaran de hablar, el joven conde Cristian, hermano del general, dio un paso al frente. Sonrió con galantería: —Aunque rechazar una invitación de damas tan encantadoras sería un acto imperdonable. Cristian, conocido en todo el reino por su fama de conquistador, se acercó con intención a la princesa para responderle, pero Lionel lo golpeó con suavidad en la cabeza, y Alerik le dirigió una mirada severa. Aquella escena hizo reír a Elira, y al ver la sonrisa en su rostro, Cristian dijo en tono burlón: —Veo que la señorita disfruta de ver sufrir a los demás… —En realidad —intervino Elira con serenidad—, me gustaría ver su entrenamiento. Serena la miró, visiblemente incómoda, pero Elira continuó con naturalidad: —Mi padre administra extensas tierras. He crecido entre agricultores, herreros y jinetes. Me intriga cómo se desarrolla un duelo entre caballeros de verdad. Alerik la observó con renovado interés, pero antes de que pudiera responder, Serena se apresuró a decir: —Señorita Elira, no creo que sea apropiado para una dama presenciar tales prácticas... —Con respeto, alteza, no le veo lo incorrecto. Siempre me ha interesado comprender más del tema. La princesa buscó apoyo en su hermano, y Lionel explicó con calma: —Lo que mi hermana intenta decir es que en los campos de entrenamiento solo hay hombres. La presencia de ustedes podría ser… malinterpretada. —Y sin embargo —insistió Elira—, vamos únicamente a observar a su hermano, princesa. ¿Quién podría ver algo indebido en eso? Los tres caballeros intercambiaron miradas. Tras unos segundos de silencio Alerik habló con tono firme: —Muy bien, señorita Elira. Puede acompañarnos, pero no nos culpe por lo que verá. En ese campo, no jugamos con nuestras espadas. Serena suspiró, resignada, y decidió acompañarlos también. Aunque lo cierto era que jamás había pisado ese sector del castillo. Su madre siempre le había dicho que ese no era lugar para una dama de sangre real. Al llegar, tanto Serena como Elira se mantuvieron a un lado del campo de entrenamiento, mientras los caballeros iban a cambiarse. Cuando los soldados comenzaron a entrenar —muchos sin camisa—, la princesa, en voz baja, murmuró: —Nos meteremos en problemas si permanecemos aquí... Elira la miró con seriedad. —¿No le gustaría ser una mujer fuerte, alteza? No depender siempre de que alguien venga en su defensa. Usted es delicada, sí, y una dama en todo el sentido de la palabra. Pero pronto será madre del futuro del imperio, y necesitará saber cómo protegerse. Una emperatriz frágil cae pronto. Si quiere mantenerse al lado de su alteza y gobernar con él, debe aprender a defenderse… no solo en la corte, sino también frente a enemigos reales. Una mujer fuerte puede dominar imperios. No lo olvide. Serena la observó en silencio, con los labios apretados. Finalmente respondió: —No quiero ser débil… pero tampoco deseo ser considerada cruel. —Lo sé —respondió Elira—. Pero es mejor que le teman un poco a que la subestimen. Las mujeres frágiles son ignoradas. Las fuertes… son temidas, y respetadas. —No me equivoqué contigo —susurró la princesa—. Cuando te vi defenderme con tanto ímpetu aquella vez, supe que podías ser una gran influencia. Me gustaría que me enseñaras a ser así de fuerte. No te dejaste intimidar por las damas de la corte y lograste que su Alteza me defendiera. Elira bajó la vista, ligeramente sonrojada. —Eso no se aprende de la noche a la mañana. La seguridad nace de adentro. Usted fue elegida por algo para ser emperatriz. No agache la cabeza ante nadie. Demuestre por qué usted es la futura soberana. A una mujer fuerte no se le cuestiona nada. La princesa quedó aún más asombrada. Aunque eran de la misma edad, Elira hablaba como si tuviera una década más de experiencia. Entonces, los caballeros regresaron con sus ropas de entrenamiento, y pronto iniciaron un combate entre ellos y algunos guardias del castillo. Serena, por momentos, quiso intervenir al ver cómo su hermano recibía algunos golpes. Pero él se recuperaba rápido y seguía luchando. Pasada casi una hora de entrenamiento, los tres jóvenes se acercaron a las damas. Fue Lionel quien habló primero: —¿Qué le ha parecido el entrenamiento, señorita Elira? Ella le sonrió, devolviendo el gesto. —Si desea una opinión honesta… tienen buenas habilidades, pero... Los tres caballeros la miraron al unísono. —¿Pero? —Usted murió al menos tres veces en esta práctica, el joven conde como unas siete… y el general… —Elira hablaba sin mirar sus rostros, pero al ver sus reacciones, titubeó y concluyó con diplomacia—. Lo que quiero decir es que prometieron un combate real… y terminó siendo un juego de niños. Tal vez otro día pueda ver una contienda verdadera. Serena soltó una risa nerviosa y, tomando a su amiga del brazo, dijo apresurada: —Creo que ya es hora de retirarnos… Sin esperar respuesta, se alejó con Elira casi a trote. No sabía si su nueva amiga era imprudente o si simplemente disfrutaba provocando a su hermano. Poco después, ambas llegaron al salón donde el baron Lauren de Estarim y el duque de la Corona finalizaban una reunión comercial. Tras permanecer un rato más, la familia real partió de regreso a la posada donde se hospedaban. Antes de marcharse, el barón de Estarim, padre de Elira, prometió volver al día siguiente. El nuevo acuerdo propuesto por el duque requería planificación, tiempo… y cooperación mutua.
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