Cuando la duquesa y Elira quedaron solas en aquel corredor apartado, la joven inspiró profundamente, dejando que la tensión se desvaneciera poco a poco. —Creo que… ya me siento mejor. Solo necesitaba un poco de aire —murmuró. La duquesa Milton la observó fijamente, con expresión grave, como si meditara cada palabra antes de pronunciarla. —Creo que ambas sabemos por qué estamos aquí, señorita Lauren —respondió finalmente. Su tono era firme, cargado de advertencia. Elira fingió no comprender, pero al ver el rostro contraído de la mujer supo que no podía evadir la conversación. —Si regresa al salón —continuó la duquesa—, el príncipe volverá a intentarlo. He notado que no aparta la mirada de usted desde que inició la velada. Y aunque me agrada, debo ser clara: mi hija está primero. No per

