Cuando la modista se retiró del ducado, Serena Milton se apresuró a buscar su uniforme de práctica. Cambiándose con rapidez, bajó junto con su amiga Elira Lauren hacia el campo de entrenamiento. Allí las esperaba el duque Milton, que nunca permitía que sus alumnas faltaran a una sola lección. En cuanto pisaban el terreno de arena y madera, el hombre dejaba de ser un padre o un protector; se convertía en un instructor severo, de mirada rígida y palabras cortantes. No había risas ni sonrisas, solo disciplina. *** Esa misma tarde, en la nueva residencia de la familia Lauren, el barón menor de Estarim compartía con sus dos hijas la hora del té. Había adquirido aquella propiedad en las afueras de la capital para que Elira pudiera ir y volver con seguridad del ducado Milton. El barón aún sentí

