El campo de entrenamiento del ducado se encontraba silencioso aquella mañana, apenas interrumpido por el choque seco de las espadas de madera y el jadeo acompasado de las dos jóvenes que entrenaban bajo la mirada del duque Milton. Serena, hija del duque, se encontraba frente a su amiga Elira Lauren, quien empuñaba la espada con una fiereza que parecía impropia de una dama de su edad. Lucía, en su vida pasada, había sido una asesina dentro del mundo oscuro de la mafia. Ahora, en el cuerpo de Elira, llevaba consigo una experiencia que nadie en ese lugar podía imaginar. No era la fuerza lo que siempre le había permitido sobrevivir, sino el intelecto. Su capacidad para leer los movimientos del enemigo, identificar patrones y aprovechar sus debilidades era su verdadera arma. Y aquella mañana,

