En la capital, el barón de Estarim estaba furioso, mostrando ante el duque Milton la carta que su hija había dejado. Sus manos temblaban y la indignación se reflejaba en cada línea de su rostro. —No entiendo cómo pudo hacer algo así —dijo con voz cortante—. ¿Por qué abandonó su hogar, duque? Tal vez usted pueda darme alguna información. El duque Milton mantuvo la calma, sus ojos serenos sobre el barón. —No se preocupe, barón Lauren. Enviaré un escuadrón a buscarla, y otro a la frontera norte. Si lo que dice la carta es cierto, los hermanos Ferreira ya la habrán llevado allí. Ellos no permitirían que nada le suceda. —¿Y si se perdió en el camino? ¿O fue atacada? Estas rutas son peligrosas, la tierra es traicionera… —El barón respiraba con dificultad, temiendo lo peor. —Tal vez ya haya

