Mientras avanzaban hacia las fronteras de Arista, el príncipe Henry explicó con calma el plan que había trazado junto con el príncipe Alex. Su idea era sencilla en apariencia, pero peligrosa en ejecución: revelar ante los miembros de la corte los movimientos ilícitos del segundo príncipe Sebastián. Una vez expuesta la verdad, Alex acamparía con su ejército en las afueras de Arista y exigiría que Sebastián fuera entregado como compensación por sus crímenes. Ambos príncipes coincidían en que con esa entrega sería suficiente para aplacar la ira del emperador de Amatista y abrir la posibilidad de un tratado de paz que evitara el derramamiento de sangre. Lucía —quien en realidad era Elira Lauren— escuchaba en silencio. No podía evitar recordar la historia original: en aquella línea del tiempo,

