capítulo 30

1247 Palabras

Los esclavos arrojaron con violencia el cuerpo del marqués William contra el suelo de su propia oficina. Las antorchas parpadeaban en la estancia, iluminando las paredes desnudas y el escritorio donde reposaban carpetas con sellos de cera. Elira Lauren, de pie frente a ellos, los observó con calma. Una sonrisa se dibujó en sus labios. —Caballeros, por favor, seamos más civilizados —murmuró con ironía. Los esclavos se miraron entre sí, desconfiados, hasta que Elira les indicó con un gesto que abandonaran la habitación. El pesado portón se cerró tras ellos, y en la penumbra quedó solo el marqués, amordazado y con las manos atadas, respirando con dificultad. Elira se inclinó, retirándole la mordaza con un tirón brusco. —Como habrá notado, marqués, mis nuevos amigos están furiosos. Hacen l

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