Dos días después, Elira Lauren se encontraba en la entrada del ducado para asistir a sus clases con el duque Milton, pero fue rápidamente guiada por la doncella de la duquesa hacia un salón privado, donde la duquesa y su hija, la princesa Serena, la esperaban. Ambas tenían expresiones serias, y el ambiente estaba cargado de tensión. —Buenos días, duquesa… princesa —saludó Elira con una leve inclinación de cabeza. —Señorita Lauren, ahora sí nos explicará qué fue lo que hizo —intervino la duquesa, cruzando los brazos con evidente enfado. Elira tragó saliva, consciente de la magnitud de la situación. —Yo… no hice nada… solo le di un pequeño empujón al príncipe Alex. La duquesa arqueó una ceja, incrédula: —¿Un empujón? ¿Eso considera usted que es suficiente para inventar que mi hija quie

