Como Elira Lauren lo había planeado, el príncipe Alex había centrado su atención en Serena Milton, pues para él resultaba impensable que su prometida mostrara desinterés. Desde aquel momento, ambos fueron vistos paseando por los jardines del palacio, recorriendo la capital y compartiendo desayunos y almuerzos en los restaurantes más elegantes del imperio. Serena irradiaba felicidad; siempre había deseado que su prometido le prestara tanta atención, y parecía que, por primera vez, Alex comenzaba a demostrar genuinamente sus sentimientos por ella. Mientras tanto, Elira se encargaba de aconsejar a Serena sobre cómo mantener vivo el interés del príncipe. Su amiga, entregada por completo al servicio de Alex, no tenía mala intención, pero su devoción ciega podría volverse contraproducente. El j

