Al día siguiente New York Claire Pensé que existían límites, escrúpulos, una pizca de empatía. Creí que compartir la misma sangre pesaba más que cualquier ambición. Pero me equivoqué. Mi padre, en su afán de presionarme para obtener ventaja de mi relación, hizo lo impensable: apuñaló a Alexander por la espalda con ese vil rumor que lo señalaba como culpable de su propia ruina y de delitos que jamás cometió. Y allí estaba yo, frente a él, desesperada por sacar a Alexander de la cárcel. O, mejor dicho, aterrada… porque presentía que aquello era apenas el inicio de una tragedia mayor. Incluso en mi angustia lo arrinconé, obligándolo a revelar su relación con Gabriel Moreau ante Victoria. Para mí, la única explicación posible para que ese hombre conservara documentos a nombre de mi padre

