Andrés había endurecido su corazón, su vida se volvió gris, cada mañana al levantarse sentía un vacío enorme, por las noches Andrés lloraba sin consuelo. Una mañana Natacha llamó al padre de su hijo adoptivo, ella quería que él le diera una explicación porqué ya no dejaba que viera a su hijo, él no estaba cumpliendo con lo que había ordenado él juez, Natacha estaba decidida acudir a una abogada, pero antes prefirió hablar con Andrés, ella le daría la última oportunidad, sabía que Andrés estaba pasando por un duelo, se colocaba en su lugar. —Hola Andrés, ¿podemos hablar? Si puedes te espero en la cafetería, sino tendré que acudir a la justicia y no quisiera tener que hacer eso. Andrés le dijo que estaría dentro de dos horas, había tenido una noche pésima, Ulises que no andaba bien en l

