Treintaidós

2793 Palabras

   Rachell.    Ese era su nombre. Jay decidió llevarla a casa, estaba sucia, hambrienta y ciertamente muy trastornada por ver a Jay. Pude darme cuenta de que se conocían de hacía muchos años, Jay me explicó que eran amigos de la infancia y que ella también había pasado por cosas difíciles. La chica, un poco mayor que yo, devoró los dos emparedades de jamón y queso que puse para ella un plato, mientras trataba de explicarle a Jay todo lo que había pasado con su vida. Al parecer, terminó en las calles hacía años, después de la muerte de su madre.    A pesar de los celos que arremetieron contra mí al verla ser tan cercana a Jay, y al notar que él estaba afectado por ella, me sentí mal. Era una chica que se veía había vivido cosas horribles, estaba tratando de luchar, no podía juzgarla,

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