Aquello me hizo jadear y soltar las bolsas de golpe. Reconocí de inmediato su voz, pero lo peor fue que recordé ese tono, tan malicioso, tan lleno de ira. Fue una estupidez pensar que Devon no me seguiría, para este momento ya debía estar al tanto de que mostré ese video, de que su reputación se hizo añicos, así como su vida. Si no tenía nada que perder, entonces le importaba poco dejarme viva o matarme aquí mismo, lo único que deseaba era que no llegara tan lejos. Un frio material apuntó en mi costado y me di cuenta al instante de lo que era, una navaja. Sentí pavor, solo una puñalada y acabaría con la vida de mi hijo. —¿Qué quieres? —pregunté, mi voz temblorosa. Miré alrededor, pero no había nadie cerca, Dios mío, nadie para ayudarme. Mis clases de defensa no serían

