Llevábamos veinte minutos caminando entre cabañas y personas “bobas” que dedicaban miradas de aborrecimiento a la viejecita que venía a mi lado casi arrastrando los pies. Fue un alivio que la casa de Greta no estuviera muy lejos de la ciudad. Habíamos tomado un camión local, el cual nos llevó directo a la central camionera "MEGABUS", turistas esperaban la salida del próximo autobús con sus maletas en la sala de espera. Una pareja sentada frente a nosotros discutía sobre la siguiente parada de su travesía, a los pocos segundos la chica se puso de pie con maleta en mano y salió de la sala sin rumbo. Greta poso sus oscuros ojos azules en los míos, la melancolía salía en olas de su cuerpo regordete ¿era posible tomarle cariño a una persona en tan poco tiempo? —Me hubiese gustado saber

