Al entrar al área de las tiendas, me sorprendió no ver la misma cantidad de personas como las hubo antes de perdernos en el hotel. Adolfo entró a una relojería de lujo llamada Hillberg y Berk mientras yo me aproximaba a la tienda situada al otro lado del pasillo atraída por los diversos cosméticos en exhibición, aunque «ni loca compraría maquillaje que pueda arruinar mi cutis perfecto» soy una de las pocas chicas afortunada que no necesita maquillaje para verse guapa. En la misma tienda vendían diversas tarjetas, postales e infinidad de cosas como recuerdos del Mall para los turistas que venían al famosísimo lugar. Caminando hasta la rueda tome una postal donde se exhibía todo el centro comercial visto desde los cielos de noche, era muy bonita, camine por las 3 columnas largas llenas de

