Mujerzuela.

1629 Palabras

Édouard se acomodó en la silla al lado de la cama de Maeva, sintiendo el peso de la incertidumbre en el aire. No era solo la preocupación por ella, sino también por los pequeños seres que crecía en su interior. Aún no estaba seguro si era uno o eran dos fetos, ya que sus latidos estaban perfectamente sincronizados. Su mente giraba como un torbellino, buscando respuestas que se le escapaban como agua entre los dedos. Él la ama desde el momento que la vió pero desde el primer momento estaba impregnada de dos esencias muy diferentes. Él aroma de él nunca ejerció ningún efecto en ella. —Bastián, ven aquí —llama, intentando no sonar tan preocupado como se sentía. El pequeño apareció en la puerta, con sus ojos curiosos brillando con una mezcla de temor y esperanza. —¿Todo está bien, Édouard?

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