Édouard se interpuso entre Dafne y Maeva, sintiendo la intensidad de la situación aumentar como una tormenta inminente. Su corazón latía con fuerza, no solo por la adrenalina, sino por el peso del momento. Sabía que su intervención era necesaria, pero la reacción de Dafne lo tomó por sorpresa. —¡Déjala! ¡Yo soy el único responsable aquí! —ruge Édouard, con su voz resonando en la habitación como un eco de desesperación. —Édouard, ¿Qué haces aquí?—pregunta Maeva, intentando ocultar su malestar. Dafne soltó una risita burlona, desbordando rabia y desdén. Ya tenía sospechas, pero verlo allí le dejaba todo más claro. Sus ojos se afilaron como cuchillos mientras miraba a Édouard, el nuevo "amigo" de su hermana que siempre había estado presente desde que se mudaron. —Vaya, vaya, vaya, mira

