—Eso es...solo déjate llevar—susurra Cedric. Las palabras la envolvieron como la cálida agua en la que estaban sumergidos, y por un momento, todo lo demás se desvaneció. Maeva se entregó en un éxtasis de placer que la invadió hasta desmayarse. —¡Mmm! —¡Agrshh!—gruñe Charles. —¡Oh, si...!—murmura Cedric. Los gemelos se vinieron dentro dejando sus fluidos. Ambos agitados y deseosos de más, pero saben que no pueden hacerlo de nuevo. Maeva es una licántropa muy débil y deben ser pacientes con ella. Cuando ella abrió los ojos, la luz del sol se filtraba a través de los grandes ventalanes, iluminando la habitación con un resplandor dorado. Parpadeó varias veces, sintiendo su cuerpo pesado y relajado a la vez. La seda de las sábanas acariciaba su piel, pero lo que realmente la desconcertó f

