Uvas del deseo.

1964 Palabras

Maeva, con el corazón desbocado y la mente en caos, apenas podía procesar lo que acababa de suceder en el gran comedor. La declaración repentina del rey sobre su inminente boda con los gemelos la había dejado atónita. Sin pensarlo dos veces, se escabulle y sale corriendo, esquivando a los presentes que se interponían en su camino. —¡Maeva, espera! —grita Cedric, corriendo detrás de ella. —¡No seas tan dramática! —añade Charles, siguiéndola con una sonrisa divertida. El rey frunce el ceño ante la abrupta salida de Maeva, pero antes de que pudiera decir algo, Alaric, su hermano, levanta una mano para calmarlo. —Son jóvenes, hermano. Dejemos que resuelvan sus asuntos —dice Alaric con una sonrisa tranquila. Nota que Maeva puede ser la condena de sus sobrinos y que el reino sea solo de él.

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