Celeste
“No debí decir eso”.
Pero es que verlo tan desesperado me hizo actuar por impulso.
Flashback
- ¡¿Qué?! – bufó.
El Duque, representante o lo que sea que es este hombre sacada de Disney asentía muy serio mientras que Christopher cerró los ojos aguantando estallar.
- Solo falta un día para la presentación y no avisaron nada, todos los managers van a estar de acuerdo solo por quedar bien pero como su abogado estoy totalmente en contra de que le pidan este tipo de cosas.
- Entiendo, pero sabes como son los príncipes, un día quieren una cosa y otro día otra – Christopher tomó asiento aparentando calma – sabes muy bien que si te niegas el rey Philippe hará lo que sea por hundirte – me sentía nerviosa ante la pesada atmósfera.
- Componer una canción no es de un día Luca.
- Lo sé, pero no puedo hacer nada para ayudarte – Christopher suspiró.
- Esto será imposible – miró sus manos.
- Chris tienes que intentarlo – Alessandro llevo sus codos al final de sus muslos – lo hiciste una vez – Luca y yo alzamos las cejas.
- Cuando era niño y en mi mente no había nada más que música – se veía frustrado – ahora soy un adulto con problemas y responsabilidades – dijo esto último tan bajito que por poco no lo escuchamos – dile a tu rey que no lo haré – todos abrimos los ojos y nos quedamos en silencio.
- Será el fin de tu carrera – comentó Luca muy despacio.
- No son los único reyes del mundo, que consigan a otro pianista que le siga los caprichos a la princesa – se puso de pie y salió de la habitación azotando la puerta.
El silencio que se produjo me hizo sentir fuera de lugar, además que la sensación de intranquilidad al verlo mandar todo al carajo hizo que mi cuerpo se moviera solo.
Me puse de pie rápidamente y salí para buscarlo, lo alcancé a ver volteando por el inmenso pasillo por el cual vinimos, corrí hasta alcanzarlo y sostuve su brazo para detenerlo.
- ¡Espera! – tragué saliva soltándolo.
Justo nos encontrábamos en un pequeño jardín, la brisa de la tarde era fría y las hojas de las rosas se movían soltando ese delicioso olor particular de ellas. Era raro estar en un lugar así, con artículos decorativos de ensueño, paredes altas sacadas de un cuento, personal y guardias en cada rincón, jardines que te daban paz, la paz que Christopher desearía tener justo ahora.
- Celeste – suspiró cansado – ahora quiero estar solo – se dio la vuelta pero volví a detenerlo enrollando mis manos en su brazo.
- ¿De verdad puede ser el fin de tu carrera?
- Puede ser el fin de mi vida – respondió aun dándome la espalda.
- Tienes que intentarlo.
- No es tan fácil – soltó su brazo y me encaró.
- Lo hiciste una vez.
- Si – asintió apretando su mandíbula – y jamás pude volver a hacerlo – nos quedamos mirándonos por unos segundos.
Solo se escuchaba el movimiento de las hojas y me sentía perdida en sus ojos verdes.
“No, este no puede ser el fin del músico que admiro”.
- Yo te ayudo – arrugo su entrecejo – yo sé componer, podemos al menos intentarlo – abrió y cerró su boca sin poder creer mis palabras.
- ¿Estás segura? – asentí – bien – me sonrío de lado – intentémoslo.
Fin del flashback
- Bien – puso unos documentos al frente mío – Luca ya me informó, la princesita quiere bailar una canción sola luego de terminar el acto con su equipo de ballet – asentí – y debemos entregarla esta misma noche para ella ensayar – abrí mi boca para preguntar pero contestó sabiendo lo que diría – lo considera un reto, quiere bailar una canción que solo haya escuchado una vez.
“Que egoísta, así opacará a sus compañeros, pero será espectacular”.
> ¿De verdad sabes componer? – asentí.
- Así que El Cascanueces.
- Por Tchaikovski pero lo transcribí donde el piano seré el principal instrumento y obviamente tendré acompañamiento de la orquesta – asentí emocionada.
- Podemos basarnos en el final de la obra para la otra canción.
- Ok, te la mostraré – sacó su organeta.
Presté mucha atención a cada uno de sus movimientos, aún no me acostumbraba a verlo tocar a solas. En el apartamento y ahora en un castillo, es como tener un concierto privado, y no solo eso, tenerlo tocando cada tecla y subiendo su mirada para encontrarse con la mía, esto se sentía tan irreal que daba miedo.
Al finalizar ambos nos quedamos estáticos, la organeta dejó de producir sonido y Christopher soltó la tecla despacio sin romper la conexión de nuestras miradas. Por segundos que parecieron eternos, pero una eternidad agradable, mi mente solo tenía el color azul en diferentes tonalidades, y para mi sorpresa estar justamente así me hacía sentir … en calma.
- Podemos – aclaré mi garganta tomando la hoja de pentagramas – crear algo alegre, una melodía que saque sonrisas y la chica se divierta mientras baila – tomé un lápiz para escribir.
- ¿Qué tal esto? – tocó unas cuantas notas.
Basándome en sus dedos empecé a copiar creando poco a poco una partitura.
Pasaron horas. Alessandro solo nos interrumpió una vez para traernos algo de merendar y decirnos que a las 7 en punto Luca estará esperando la canción para dársela a la princesa.
Ideas iban y venían, tachones y notas nuevas, Christopher tocaba mientras yo escribía o viceversa, miradas, sonrisas e inclusos suspiros. Así se nos fue la tarde y cuando menos pensamos ya era la hora de entrega, pero también la canción ya estaba lista.
- ¿Ves que si podías hacerlo? – acomodé los documentos mientras el repasaba la composición.
- No lo hubiera hecho sin ti – clavó su mirada en mí – no sabes lo agradecido que estoy – agaché la mirada con una sensación de felicidad – tu sola presencia ya es inspiración – volví alzar mi mirada sonriendo solo un poco.
Abrí mi boca sin saber que responder y después de un balbuceo fuimos interrumpidos, mientras Christopher lo maldecía yo lo alababa por salvarme de este incómodo pero agradable momento.
- Chris, Luca te espera – pasó su mirada de mí a mi compañero - ¿Interrumpo? – preguntó juguetón.
- No – respondí.
- Si – respondió Christopher.
Ambos nos miramos y Christopher suspiró apartando la mirada mientras Alessandro se partía de risa.
> Iré a mostrarle esto a Luca y la princesita – salió de la habitación negando con la cabeza.
- Celeste – llamó mi atención – quiero mostrarte algo – alzó su mano y señalo hacia afuera con la cabeza.
Me puse de pie con rapidez tomando las hojas entre mis brazos y caminando hacia Alessandro.
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Domingo 24 de febrero de 2019
- Esto debió costarte una fortuna – negó sonriente.
- No me costó absolutamente nada, además te ves hermosa y si hubiese costado algo cada peso valió la pena – lo miré a través del espejo y curvee mis labios en una sonrisa – ahora vamos, la función está a punto de empezar – asentí y suspiré.
Alessandro me ofreció su brazo y yo lo tomé acomodando mi vestido, caminamos hasta llegar al inmenso salón. Una tarima decorada con los artefactos más elegantes del mundo acaparaba la atención de todos, en la parte debajo de la tarima la cual la cubría un grueso telón rojo, yacían los músicos, y en el centro de ellos destacándolo por sobre todo se encontraba aquel hombre con la mirada como el océano. Christopher con su impecable esmoquin repasaba y acomodaba sus partituras mientras hablaba con el director de la orquesta.
> Límpiate que se te cae la baba – parpadee y subí mi mirada a Alessandro.
- Yo no … - se agachó a mi estatura burlón – no estoy babeando – aparté mi mirada.
Mientras Alessandro se reía y nos movíamos a nuestro asientos terminé por maravillarme del lugar. Todos y cada una de las personas presentes vestían tan decentes que parecía en una película de la alta sociedad … aunque bueno, estaba en la altísima sociedad.
Las mujeres, desde niñas a ancianas vestían finos y hermosos vestidos, se movían con tanto glamour que no sabría diferencia si son o no de la realeza, los cuales, todos y cada uno de la familia real se hallaban en primera fila, todos querían ver a la princesa Eléonore.
- Mira – señaló con disimulo – ese es Luca – seguí mi mirada hasta encontrarme a ese hombre de Disney – y el que está a su lado es el Rey Phillippe – asentí admirando a esos dos caballeros.
Si bien el rey ya estaba canoso seguía en forma para hacer suspirar hasta al mismo género masculino.
- Señoras, señores – hablo un hombre llamando la atención de todos – los invito a tomar asiento y disfrutar de la obra presentada por el grupo Ballet Real de Flandes – todos tomaron asiento atentos – hoy como invitado de honor tenemos a Christopher Watson quien nos deleitará con sus piezas musicales – Chris hizo una breve reverencia mirando hacia nosotros, sonreí al mismo tiempo que él y suspiré al verlo tomar asiento nuevamente - …
- Nadie te cree que no suspiras y babeas por mi amigo – Alessandro a mi lado parecía tan sereno.
- ¿Por Luca? – voltio abriendo sus ojos hasta no más poder - ¡Oh! Empezó – llevé mi mano para tapar mi sonrisa.
Aunque eran pocas las veces que sonreía lo hacía más seguido desde que llegué a esa casa.
- Y sin más que decir – el hombre miró toda la audiencia luego de presentar también al director y la orquesta – que se abra el telón – se apagaron las luces y comenzó el show.
Un presentación mágica, donde mis ojos no se despegaban del hombre que dejaba su alma en el piano.