Celeste
“Wow”.
Parpadeo varias veces para comprobar que no estoy soñando, incluso llegué a pellizcarme.
- ¿Qué te parece?
- Es … hermoso – escucho que se ríe volviéndome a traer al mundo real.
- Es el piano de mi hijo, no deja que nadie lo toque – voltea los ojos y camina hacia la cocina sacando dos vasos de agua - ¿Entonces aceptas quedarte? – me acerco hasta ella volviendo a mirar el inmenso piano.
Y es que nunca había visto uno tan hermoso, completamente n***o brilloso, tan limpio y bien cuidado que me reflejaba en él, ya me podía imaginar lo maravilloso que sonaría, si una simple organeta emitía los sonidos más satisfactorios para el oído humano un piano tan gigante y hermoso es como un sueño hecho realidad.
- Me ha dicho que el señor no estará muy a menudo en el lugar – asiente.
- Si mucho lo verás una vez por semana, la idea es que te dediques a mantener el apartamento como una tacita de té y cuando mi hijo esté le darás de comer – sonrío ante la palabra “apartamento”.
Jesús, estoy en un pent-house donde el color n***o y dorado resaltan a cada paso, esto un simple apartamento no es, y el aseo a todo el lugar no lo podría hacer en un solo día, lo bueno es que estaré sola para dedicarme completamente a ello y poder … miro el piano y es lo único que necesitaba para decir lo siguiente.
- Acepto el empleo – ella sonríe y da una palmadita – muy bien, te mostraré tu habitación – la sigo por todo el lugar – podrás disponer de la cocina a la hora que desees y comer lo que se te antoje – empezó a decirme sus reglas – no traerás nadie a casa ni tampoco tocarás el piano – paro ipso facto – esta es tu habitación.
Abro los ojos y sonrío recorriendo cada esquina de la habitación, y es que tiene espacio hasta para trotar.
- Que linda te ves sonriendo – volteo hacia ella – deberías hacerlo más a menudo – agacho mi cabeza apenada sintiendo como a mis mejillas llega un intenso calor – bueno, te dejo para que te acomodes, desde hoy ya estás contratada, te enviaré mañana los documentos para que los firmes – asiento - ¡Oh! Antes de marcharme, no tienes que limpiar el piano, mejor dicho – mueve sus brazos de forma teatral – no tienes que tocarlo para nada – siento como me desinflo al escucharla.
- Pero – me interrumpe.
- Tiene un cuidado especial, mi hijo es bastante obsesionado con ese piano – mira su celular – me tengo que ir – se da la vuelta y yo la sigo a la carrera - ¡que te amañes querida! – sale y cierra la puerta dejándome sola en este inmenso lugar.
Suspiro metiendo mis mano en mis bolsillo traseros y mirando el piano.
Esto es demasiada tentación para un alma pecadora como la mía, río un poco y decido ir a mi habitación a desempacar y recorrer el pent-house.
___
Tengo una pregunta … ¿No le da humedad a lo que sea que esté abajo del piso de la piscina? … o más importante aún … ¿Cómo carajos hacen una piscina en el último piso de un edificio?
Niego ante el dinero que desprenden tanta gente y al mismo tiempo la pobreza que hay en otro lugares, y saber que esta es una mínima contradicción de tantas que hay en el mundo.
Al pasar por el piano me tapo los ojos y camino deprisa sin siquiera verlo.
“No puedes tocarlo y más cuando siempre rompes algo”.
Pero como dicen por ahí, hay ocasiones en que el cuerpo se mueve por puro impulso llevándote a la cima de la curiosidad.
Respiro profundo y me paseo de un lado a otro.
“No hay nadie, he imagino que las paredes de este lugar impiden que el sonido salga de ella”, muerdo mis labios arrancando los cueritos de estos ante la ansiedad que tengo.
“Pero ella repitió como tres veces que no lo tocara”, la voz buena y mala discuten en mi cerebro.
“Pero solo será una vez y no hay nadie que vaya a saber”.
“Aun así no debería”.
“¡Agh!”.
Camino a zancadas hasta el interruptor de la luz y apago este quedando en total oscuridad, vuelvo a paso lento guiándome por la luz de la luna que entra a través de los inmensos ventanales y me acomodo en el banco forrado en cuero, llevo mis dedos temblorosos y curiosos para levantar despacio la tapa que cubre las finas teclas, sonrío maravillada y acaricio con las yemas de mis dedos las 52 teclas blancas.
Llevo mi pie a los pedales y mi mano izquierda en el arpegio de fa menor y mi mano derecha en las teclas de la, cierro mis ojos y como si de costumbre se tratase comienzo a tocar mi canción favorita, la habitación se llena de esos dulces sonidos que Yiruma compuso, “River Flows in You” siendo tocado por mis dedos en un piano tan hermoso es lo mejor que me ha pasado en mi vida.
Sonrío y muevo mi cuerpo al compas que mis dedos, miles de sensaciones llegan a mí, tristeza, alegría, júbilo … se me es imposible pensar en un pequeño niño jugando en un parque y disfrutando su niñez.
Que maravilloso es experimentar tantas emociones con la música, y más aún si eres tú la que produce esos sonidos que alivian tu alma a medida que tocas un instrumento.
Abro los ojos lentamente para finalizar las últimas notas, y río eufórica cerrando con suavidad la tapa y yendo a mi nueva habitación dando saltitos de felicidad.
Si este no es un buen comienzo no sé que pueda serlo, lo que no sabía es que había dos pares de oídos más escuchándome tocar.
Christopher
- Pensé que habría una propuesta de matrimonio en tu concierto – bajamos del auto y nos encaminamos a mi nuevo hogar.
- Se supone – zafé mi corbata – le preguntaré a mi madre, ella es amiga de la familia Blake – me recuesto en una de las paredes del ascensor mientras subimos al pent-house.
- No pensé que te conseguiría mucama en un solo día – ríe sacando su saco – definitivamente eres el consentido de papá y mamá.
- Cállate – lo empujo con mi codo mientras río y salimos del ascensor.
Arrugo mi entrecejo y miro con extrañeza la puerta de mi nuevo hogar, la luz está apagada pero …
- Tiene que ser alguien sin miedo a morir si se atreve a tocar tu piano – saco las llaves y abro despacio sin emitir algún ruido.
- Shh – llevo mi índice a mis labios y ambos entramos como gatos escondiéndonos detrás de una pared y con vista a mi piano.
- Wow – lo escucho susurrar.
Ambos quedamos embelesados ante la imagen que tenemos frente a nosotros, la luz de la luna que se filtra por los ventanales acaricia su piel y hasta su cabello brilla de lo hermosa que se ve, con sus ojos cerrados y una sonrisa que abarca todo su fino rostro toca sin ningún error una canción bastante conocida para mí.
Se me es imposible sonreír de lado al sentir lo que transmite en cada nota que toca, ninguno de los dos se atreve a moverse para no dañar su concentración, y es que pocos logran que tanto Alessandro como yo nos quedemos maravillados ante algo.
Cuando acaba se levanta poniendo todo en su sitio con sumo cuidado y se va dando saltos hacia la habitación de la mucama.
- ¿La mucama? – susurro más para mí al no creer lo que vi.
- Eso fue – suspira llevando una mano a su pecho – a partir de ahora Chris dejo de ser tu fan y me vuelvo fan de esa chica – resoplo saliendo y empujándolo en el proceso - ¿No piensas quedarte? – pregunta al verme cerrar la puerta.
- No – respondo cortante mientras saco mi móvil.
- Tienes que admitir que tocó muy bien – ruedo los ojos marcando el número de mi madre.
- Si tocó bien – ignoro el drama que hace al escuchar la voz de mi madre – mamá ¿Cómo se llama la chica que contrataste?
-- Celeste Escobar – miro hacia el techo al no reconocer el apellido – ya te lo había dicho pero nunca me prestas atención – abro mi boca para responder pero ella continua hablando, lo que me genera gracias y hace que me rasque una ceja – es una chica que ha pasado por mucho así que trátala bien, bueno mañana paso para visitarte, te amo – y cuelga.
- Celeste Escobar – miro a mi mejor amigo – investígala – asiente.
En una señal militar se da la vuelta y se va, tener el mejor abogado de Europa como tu mejor amigo te da ventajas, tener contactos en la EA Investigaciones te permite poder investigar a quien desees.
Una simple chica mucama no podría tocar el piano de esa forma, y mucho menos dejarme fascinado.
Cierro los ojos para recordar su pequeña figura moverse al ritmo de la música, parecía una obra de arte y si fuese pintor la haría mi musa.