El camino fue agradable y divertido. Taehyung no podía parar de señalar cada cosa que veía y le llamaba la atención. Era como un niño pequeño y aquello lo hacía ver increíblemente adorable. Mi sonrisa no podía parar de salir ante sus reacciones. Llegamos hasta la zona de picnic: - ¿Dónde prefieres sentarte? – dije mientras veía como observaba todo su alrededor. Pareció meditarlo durante unos instantes, pero, finalmente, señaló con su dedo: el árbol más alto. Una vez en nuestro lugar y, entre los dos, colocamos una manta en el suelo y nos sentemos en ella. De mi mochila, la cuál Taehyung se había empeñado en llevar, comencé a sacar toda la comida. Por el rabillo del ojo pude darme cuenta de cuanto amaba la comida aquel muchacho. - ¿Estás hambriento? Su cabeza asentía sin parar, hacién

