—Él será la mamá de mis hijos —dijo Vlad mientras hablábamos por celular, a la vez que yo iba a la cocina a preparar mi desayuno. Me había despertado tardísimo, casi al medio día, por cuenta de lo tarde que me había dormido anoche, y tenía un poco de resaca, pero no mucha. ¡Gracias, bendita juventud! —Apenas lo conociste ayer —le dije, sirviendo mi café recargado en la taza de los Minions que tenía mi nombre. Mi tío me la trajo del viaje que hizo a Estados Unidos hace un año —, ni siquiera sabes realmente cómo es, su faceta de chico. —Sea como sea, debe ser perfecto —lo escuché removerse en su cama y soltar un suspiro —. He dicho. Será mi esposo, lo traeré a vivir conmigo, y tendremos muchos hijos. Le iba a recordar que, con su salario de abogado junior, sumado al hecho de que no

