Tener un medio de comunicación con su amante se volvió algo urgente. Las notitas en los escritorios eran útiles, pero no bastaban, así que decidió comprar un teléfono que sería exclusivo para ella. Max aprovechó la hora de la comida para hacerlo y se dispuso a salir, cuando de pronto Sofía lo interceptó en la puerta principal. —¿Podemos hablar? —le pidió luciendo seria. —¿Tiene que ser ahora? Debo ir a comprar una cosa y solo tengo este tiempo para hacerlo. —Quería zafarse porque tuvo un mal presentimiento. En todo ese tiempo trabajando juntos pudo observar cómo se portaba ella cuando iba a decir algo desagradable, pero el intento de despacharla fue en vano. —¿Puedo acompañarte? —insistió. —Vamos —aceptó con una ligera incomodidad. A pesar de ser la persona que lo ayudó en dos ocasione

