Capitulo 17

2370 Palabras
17   Esperaba atenta a que Donnelle se despertara, al menos ahora la tenía a ella cerca de mí y eso podría hacer un poco más fácil sobrellevar la situación. Pero estaba terriblemente preocupada por ella, había pasado más de media hora desde que desmayó a causa de la electricidad y aún no despertaba. Tenía su cabeza sobre mis piernas e intentaba darle un poco de calor frotando su brazo con cuidado. Donnelle era tan determinada como su madre, ambas tenían algo especial que solo te daba ganas de cuidarlas, quererlas y protegerlas, pero a la vez sabías que ellas lo harían por ti, era asombroso. Estaba demasiado angustiada, no solo por Donnelle, sino también por Azarías al otro lado de la pantalla, siendo torturado mentalmente al vernos a Donnelle y a mí en esa situación sin poder hacer nada. Había demasiada tecnología en esta década, era muy fácil encontrar a una persona, pero también era demasiado fácil esconderse. Me quedé dormida en algún momento a pesar del terrible frío que inundaba mi cuerpo, no supe cuánto tiempo fue, pero desperté gracias al movimiento de Donnelle. —No quise despertarte — susurró haciendo una mueca de dolor. —No, no, está bien, está bien, estaba preocupada — dije intentando enfocarme — ¿Cómo te sientes? ¿Qué sientes? Ella se tocó el brazo herido y luego pegó la cabeza de la pared cerrando los ojos. —Siento como si me hubiese tirado a una piscina de anguilas radioactivas para convertirme como Max, el enemigo de Spiderman cuando fue interpretado por Andrew Garfield, pero no lo logré. Reí un poco ante su comentario y extendí mi mano para tomar su brazo. —¿Qué te han hecho? Ella negó con la cabeza. —Pasó muy rápido — volvió a fruncir el rostro —, se supone que estábamos siendo custodiadas por agentes especiales... —¿Tu madre y tú? Ella sintió y luego negó con la cabeza. —Sí, pero en vista de que el intento de rescate fue frustrado, mi tío ordenó que llevasen a mi mamá al aeropuerto para mandarla a Estados Unidos, y a mí me llevarían hasta Ucrania de nuevo— ella tosió un poco —. Nos interceptaron en el camino, al menos a mí. Les di buena batalla, no fue una bala, me cortaron con un cuchillo porque no podían alcanzarme con balas.  Reí de nuevo ante su forma de intentar convencerme. —Lo sé, lo sé, tú estás tan entrenada como Aza — dije moviéndola un poco. Ella rio conmigo de forma melancólica hasta que ya no pudimos si no resistir las ganas de llorar. —Estoy tan feliz de verte de nuevo, pero tan enojada por la circunstancia — habló y luego mordió su labio. La miré a los ojos comprendiendo lo que sentía, comprendiendo su pesar. —Es increíble verte de nuevo, ahora que puedo recordar, no sabes lo mucho que lamento no haber estado allí. Ella llevó su brazo sano a mi cuello y me abrazó. —Lamento que hayas tenido que pasar por todo esto no teniendo idea lo que sucedía realmente. —No entiendo por qué no buscó la forma de hacerme recordar — sollocé —, ¿no está consciente de que lo amo? ¿Por qué él sigue soltándome? ¿por qué no se queda conmigo? Ella se separó para verme. También estaba llorando. —Él solo quería cuidarte — confesó —. Estaba bastante destrozado cuando te llevaron de su lado hace dos semanas, llegó a casa con un ataque de pánico. —Puedo imaginarlo, pero... —No te imaginas su desesperación cuando vio cómo te torturaban, cómo te disparaban de nuevo —dijo con determinación—. Estuve con él en todo momento y me destruía verles a los dos sufrir, cuando ninguno de nosotros merece esto. Lamentó que estés aquí por nosotros. Negué de inmediato. —Yo escogí hacerlos a ustedes mi familia, sus verdugos son los míos. Ella sonrió notoriamente. —Sé que recuerdas pocas cosas, lo vimos todo — confesó tomándome por los hombros —. Eso torturaba a Azarías, creía que lo odiarías o culparías de todo y... —No, no, ya ahora recuerdo casi todo, no voy a culparlos por esto. Basta con eso. —Tranquila, fiera — bromeó ella —. Estoy dando un discurso, ¿podrías callarte? Asentí de inmediato. —Bien. Cóndor estuvo planeando esto por mucho tiempo, no dejaba nada al azar, no había forma de encontrarte y cuándo lo hicimos fue gracias a uno de sus hombres —Donnelle había comenzado a susurrar. Su cabello marrón claro caía por su rostro por lo que pasó las manos por el para quitarlo permitiéndome ver sus grandes ojos marrones que me recordaban demasiado a su hermano. —El asunto está en que mi tío y mi hermano son muy increíbles — indicó ella llevando una mano al bolsillo de su pantalón —. No dejarían nada al azar, sabían que Cóndor buscaría llevarme a mí o a mi madre. Donnelle extendió un trozo de tela verde muy pequeño, yo lo miré realmente confundida. —Es un dispositivo de rastreo — mi corazón saltó de inmediato llevando adrenalina a todo mi cuerpo —, van a encontrarnos en cualquier momento. Bueno, no encontrarnos, me refiero a que van a llegar en cualquier momento— se corrigió eufórica. —No lo entiendo exactamente. Ella se pegó en el rostro con la mano. —A veces eres muy lenta — se quejó para luego mirarme de nuevo —. Ya nos han encontrado, en el momento en el que la transmisión comenzó, este aparato interceptó la señal mandando nuestra ubicación. Asentí entonces entendiendo, sin embargo, otra duda inundó mi cabeza. —¿Y qué pasó con la electricidad? ¿Eso no lo afectó? Donnelle pensó en ello un instante. —No, bueno, no estoy segura, pero es uno de los mejores, en cuanto comenzó la transmisión nuestra ubicación debió haber llegado. No lo sé, creo que, aunque la electricidad lo afectara, ya la señal había sido enviada. Además, este lugar no puede estar muy lejos de nuestra base, si analizo el tiempo que duraron al transportarme hasta aquí. —¿Entonces solo debemos esperar? — pregunté pegando la cabeza de la pared. —Sí, esperar y soportar — aseguró ella —. Bueno, solo debes soportar un poco más a lo que ya lo has hecho. Estoy orgullosa de ti, lástima que no recuerdes que sabías pelear. —Recuerdo que iban a darme clases de defensa. —Sí, Aza te enseñó, él, mi madre, mis tíos, todos creían que era necesario que supiéramos luchar, no sé si recuerdas que ellos en su juventud también lidiaron con un psicópata después de todo— explicó recostando su cabeza de mi hombro —. Papá estaría muy contento con saber que seguimos entrenando.   Hubo un silencio entre nosotras, lamentaba mucho la pérdida de su padre, a pesar de que nunca lo conocí, me habían contado miles de historias sobre él, de sus actos heroicos, de su sobreprotección y de lo feliz que hizo a su madre. —¿Cómo está tu madre? Donnelle suspiró y luego habló: —Bastante perturbada, todo el asunto de un asesino persiguiéndonos le afecta el doble. Ella se preocupa mucho por tu salud mental. —No voy a volverme loca... —Más tiempo con Cóndor y quizás hubiese sucedido. Moví un poco mis piernas, la verdad dolían demasiado.  —Deberías acostarte — indicó Donnelle —, coloca tu cabeza en mis piernas, se me había olvidado por un instante que ti sí te dispararon... dos veces. Giré los ojos, pero sonreí. —No soy tan ágil como tú — bromeé para luego comenzar a moverme —, la verdad es que mis costillas son lo que más duelen ahora. Ella me ayudó a acomodarme. —¿Pasó algo en específico que no sepa? Asentí. —Me tomaron como pelota de fútbol al llegar aquí. —Esos desgraciados van a sufrir el doble en cuanto Azarías se entere de ello. Cerré mis ojos en un intento por calmar todo el dolor. —Antes de que llegaras, Cóndor me dio una droga, una medicina que se inyecta en la sien y te ayuda a recordar cuando eres expuesto a recuerdos — conté con suavidad —, pero aún estoy luchando con ordenar los que ya tengo y recuperar los que faltan, pero de momento ¿hay alguna otra cosa importante que deba saber? Donnelle comenzó a acariciar mi cabello, ella sabía que eso me relajaba. —Por los momentos, creo que lo más relevante lo conoces... La puerta se abrió de un golpe y Cóndor cruzó la habitación como si fuese el momento más feliz de su vida. Yo me senté de inmediato, para ver a dos hombres fornidos detrás de él. —Mis niñas, es hora de algo muy emocionante — anunció abriendo los brazos —, es la una y treinta y dos de la mañana, y sé que deben estar cansaditas, pero es que tengo algo fascinante para ustedes. —Púdrete, Cóndor —espetó Donnelle. —Algún día, sin duda lo haré, cielo — le guiñó un ojo —. Pero ese día no es hoy. Los hombres nos tomaron por los brazos y nos colocaron de pie. Donnelle tenía fuerzas así que no se quedó tranquila, ella pateó la pantorrilla del hombre, luego golpeó en el punto exacto de su cuello dejándolo sin aire. —Me encanta, eres asombrosa — aplaudió Cóndor. El sujeto que se había acercado a mí me lanzó al suelo, mi vista se nubló por haber caído sobre mi pierna herida, detestaba ser tan débil. Él avanzó hasta Donnelle, lanzó un golpe que ella esquivó, continuó con una patada que la arrojó al suelo, pero con un ágil movimiento se levantó. Vi al hombre sacar algo de la cadera de su pantalón. —¡Donnelle, cuidado! Pero advertí demasiado tarde, el sonido seco me hizo temblar en mi lugar, la vi caer al suelo. —¡Donnelle! Le había disparado en el pie. —No puede ser — se quejó ella. Intenté acercarme, pero rápido el hombre me tomó por un brazo y me alzó. El hombre que antes había sido aturdido por Donnelle, se levantó y entonces. —Maldita desgraciada —la tomó por el cabello. Ella gritó. —Ay, pequeña, debes dejar de intentar ser la heroína — Cóndor habló con falsa lástima —. Ya, vamos al cuarto oscuro. La euforia de Cóndor simplemente te removía las entrañas, era escalofriante. Vi cómo arrastraban a Donnelle y dejaba una mancha de sangre al avanzar. —¿Donnelle? —Estaré bien —respondió, pero sonó muy forzado. Sabía que no estaba bien. Nos llevaron por pasillos y pasillos que parecían no tener fin. —Necesita que detengan la hemorragia, Cóndor, por favor —pedí desesperada. —Sí, sí, en un momento, ya casi estamos. —No… le pidas —musitó Donnelle. Pero estaba angustiada y frustrada, ella estaba sangrando y la manera en la que la arrastraban no ayudaba en lo absoluto. Al fin una puerta se hizo visible, Cóndor la abrió e hizo un gesto con la mano: —Adelante, damiselas en apuros. Sentí el empujón hacerme perder el equilibrio, intenté frenar el golpe con mi brazo, pero al utilizar el herido me di cuenta que fue una mala idea. —¿Estás bien? — preguntó Donnelle. —Sí — me esforcé por recuperar el enfoque. —Muy bien, ahora, te sacarán la bala, porque no quiero que mueras desangrada, sería una muerte lenta es cierto, pero no es lo que tengo planeado —Cóndor acarició el cabello de Donnelle, esta apartó la cabeza de un tirón. Los hombres que nos habían traído salieron de la habitación, en seguida entró un joven con un pequeño maletín en mano que se acercó a Donnelle. —Muy bien — aplaudió Cóndor —, mientras le sacan la bala a Donnelle, voy a explicar qué es lo que pasará ahora. Miré en todas direcciones, el cuarto no tenía más de cinco metros cuadrados, era de color gris y en lo alto de las paredes había parlantes. Un escalofrío recorrió mi espalda. —Voy a aplicarles una de las técnicas de privación del sueño que más me llamó la atención de nuestros amigos de la CIA —informó animado —, será un ataque acústico. —Estás loco, maldito enfermo — se quejó Donnelle. —Lo sé, pequeña — estiró los brazos, orgulloso de sí —. Es muy interesante, porque los sonidos son una expresión audible de ondas que se están moviendo por el aire, así que, no solo será una tortura psicológica, sino que producirá efectos físicos. ¡Sentirán que están siguiendo golpeadas una y otra vez! No pude evitar sentir miedo. —Puede que nos tortures ahora, pero no vas a lograr lo que quieres —dije con enojo. Él rio. —Querida, Isobell, si ya lo estoy logrando. Los estoy torturando a todos y eso es lo que quiero. —Pues ya no te durará mucho tiempo — anunció Donnelle. —Sí, sí, como sea — Cóndor hizo una mueca —. Ahora, las dejaremos solas, porque la nueva transmisión está por comenzar — cantó al final. En un instante, Donnelle y yo nos quedamos solas. —Estaremos bien — prometió ella acercándose un poco a mí. —Lo sé — sonreí levemente —, seremos fuertes. Todo se volvió n***o. Nos habían dejado a oscuras completamente. —Si es una tortura, no nos quedaremos sordas — indicó ella. No tuve tiempo a decir nada porque en ese momento, la música comenzó. Era bastante alto, y la melodía no ayudaba a mantener la compostura. Sin embargo, intenté imaginar que estaba en un concierto, que no era nada, que simplemente era un rock que no conocía. —I was born in the U.S.A El tiempo pasaba y la música no paraba, y entendí por qué se trataba de una tortura. La música había acabado y vuelto a comenzar alrededor de unas diez veces, sin parar. Me estaba estresando, me abracé a mí misma en algún momento, tenía las manos en mis oídos para intentar bajar el volumen de la música, pero era imposible. Fue entonces que al fin se detuvo. Y el dolor comenzó. —¡Ah! ¡Basta! No supe si fue Donnelle quien se quejó, si fui yo o fuimos las dos. Tal como había dicho Cóndor, me sentía igual que cuando sus seguidores me golpearon al llegar a este lugar. El dolor era irreal, no entendía cómo una frecuencia podía causar aquello. Entonces los acordes comenzaron a sonar de nuevo. —No — sollocé. ¿Cuánto nos habían dado de descanso? ¿diez segundos? Probablemente era menos. —Born down in a dead man's town… —¡Basta! — me quejé — ¡Ya para! Pero sabía que no estaba siendo escuchada. Todo mi cuerpo dolía, necesitaba que aquello se detuviera porque no sabía cuánto tiempo más resistiría. Esto sin duda se trataba de quebrar nuestra voluntad. Cóndor podía parecer un loco, pero sabía a la perfección lo que estaba haciendo y lo que quería, así que me llenaba de ira saber que era cierto, él ya estaba logrando su objetivo y ese era torturarnos. Por eso debía obligarme a soportar más, porque mi única forma de ganarle era no dándole el gusto de quebrarme. Así que pedí a Dios fuerzas para todos, no solo para mí, sino para Donnelle, Azarías y su madre; y también que los guiara hasta nosotras para que así esto pudiera acabar.  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR