Capitulo 6

2180 Palabras
6   Mi padre era uno de los jueces más respetados de la ciudad, ciertamente le había costado adquirir la posición y todos le admiraban hasta el día en el que libró ese caso. Había un hombre acusado por su esposa, de p*******a y asesinato. No conocía muy bien los detalles pues estaba acostumbrada a que él tuviese casos extraños y retorcidos, preferí desentenderme de ellos si quería mantenerme cuerda. Lo que sabía era que todo apuntaba a que ciertamente el hombre era culpable, sin embargo, se alegaba que su esposa solo quería deshacerse de él para quedarse con la fortuna. El jurado y mi padre, encontraron al hombre inocente. El caso recorrió la ciudad, causó gran polémica pues todos aseguraban que el hombre era culpable, que realmente estaba enfermo y no merecía quedar en libertad. Comenzaron a insultarlo y a los días, a insultarme a mí. Mi cabeza ya dolía demasiado y por más que intentara, no lograba recordar más que eso. Respiración agitada, pensamientos nublados, ojos llorosos y dolor en todo el cuerpo era lo que procesaba claramente. —Concéntrate en ese momento —continuó el psicólogo— ¿En qué estabas pensando? —No puedo dejar que me vean llorar —respondí con mis ojos cerrados. —¿Por qué querías llorar? —Porque me tienen rodeada —afirmé, el recuerdo era tan vívido que parecía estar sucediendo de nuevo—. Todos están a mí alrededor burlándose, acusándome de algo que no tiene en lo absoluto que ver conmigo. Estaban todos gritándome y no lo soportaba, me atormentaban. —Tú y tu padre son unos desgraciados —gritaron —, insensibles, inhumanos. —Dime qué es lo que sucede. —Intento decirles que yo no tengo nada que ver con las decisiones que toma mi padre, él es el juez, yo no — admito sintiendo una lágrima derramarse. —¿Qué más recuerdas?  —Me tenían acorralada en el estacionamiento y ya no aguantaba más, mis piernas temblaron y me dejé caer en el suelo.   Incluso recordé cómo se sintió cuando mis rodillas impactaron con el pavimento. —Cerré mis ojos, esto tenía que acabar en algún momento, tenía que acabar, tenía que acabar. Y confío en que en algún momento acabó porque hasta allí llegaron los recuerdos. —Debe haber algo más —animó. Intenté recordar, me esforcé y no supe cuánto tiempo pasó hasta que dolor en mi cabeza se hizo más fuerte de lo que pude tolerar.  —No —abrí mis ojos —, es todo lo que hay, no recuerdo nada más, otra vez, no hay nada. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había intentado, debieron haber pasado horas. —Mi cabeza duele demasiado —informé —, por favor, doctor, ya no puedo más. —Lo hiciste muy bien —anotó algo en su libreta—, intentaremos de nuevo en la mañana, no te preocupes, estarás bien —me sonrió triste—, no van a hacerte un gran daño, te necesitan con vida – susurró. —Pero que conveniente —expresó Cóndor entrando en la habitación, su voz era tan tranquila que era inquietante— recuerdas hasta exactamente el momento antes de conocerlo, parece tan armado como la trama de una novela. Me senté inmediatamente sintiendo el dolor punzar en mi pierna. —Ha intentado suficientes veces hoy, señor —intervino Sasha —, necesita descansar un poco, ha experimentado muchas emociones y eso no está ayudando. —Por hoy, voy a tener compasión contigo querida —se acercó lentamente hasta sentarse a mi lado —, te dejaré sola con tus pensamientos, tantas dudas pueden ser la mejor arma para destruir a una persona desde adentro —acarició mi rostro y lo aparté de un tirón. —Esto no tiene sentido —espeté — ¡Yo no lo conozco! ¡Nunca lo conocí! ¡No puedes torturarlo conmigo, yo no significo tanto para él! ¡Solo pierdes tu tiempo! Él se rio fuertemente como si yo hubiese contado el mejor chiste de la historia. —Por favor, Isobell, ¿no viste cómo gritó tu nombre cuando te disparé? ¿no viste cuánto rogó para que te dejara en paz? Tú eres la persona que más le importa en este mundo, está loco de amor por ti y tú lo sabes muy bien —hizo una pausa para hacer un puchero —, solo que temporalmente no estás consciente de ello porque no lo recuerdas, ni tampoco parece que quieras hacerlo. Me da la impresión de que aun inconscientemente, quieres protegerlo. Alejando los recuerdos de ti como él lo hizo una vez. Alejarme de él. —Tienes que alejarte —escuché la voz de una mujer. La idea retumbó en mi mente: Azarías alejándome… dejándome. Fue cuando una imagen golpeó mi mente: Azarías con ojos llorosos mientras tomaba mi rostro entre sus manos. Mi corazón golpeó mi pecho con tanta fuerza que provocó que me marease y cerrara los ojos. Me concentré en no dejar ir la imagen. —Es que ya no puedo seguir con esto —dijo alejándose de mí, pocas veces lo había escuchado tan firme. Volví a sentir cómo el aire abandonaba mis pulmones y como si estuviera estrujando mi corazón. —¿De qué rayos estás hablando, Aza?  —la preocupación calaba por mis huesos — ¿Algo está mal? ¿Qué sucede? —No puedo seguir fingiendo, Pennant. Comencé a temblar, él nunca me llamaba por mi apellido, ni tampoco me hablaba tan rudamente. —¿Fingiendo? —mi voz se quebró — ¿Fingir qué? No te entiendo. Tomó una respiración profunda, sin mirarme en lo absoluto. Esto entre nosotros —movió su mano —, no puedo seguir fingiendo que te quiero cuando ya no es así. No tenía idea de cómo se sentía que clavaran un cuchillo en tu estómago, pero debía ser muy parecido a lo que estaba sintiendo. Iba a llorar. —No lo entiendo, hace dos días dijiste que me amabas, por primera vez dijiste que me amabas que estabas enamorado de mí, ¿y ahora dices que no es así? Lo vi llevar las manos hasta su rostro, estaba frustrado, yo lo sabía. —¿Me mentiste entonces? —mi labio inferior temblaba — ¿Era una estúpida mentira? ¿Solo estuviste jugando conmigo? ¿Fui solo tu intento de no estar solo como todos decían? Inmediatamente corrió hasta mí. Sus manos atraparon mis mejillas y seguido, sus labios capturaron los míos. Siempre se sentía bien besarle, siempre sentía algo diferente cuando sucedía, pero a la vez siempre sentía su amor. Ese beso sabía a despedida. Como si fuese la última vez que fuese a hacerlo. Me aferré a él, intentando que rebobinara el casete, que me dijera que me amaba y que había sido una broma de mal gusto. Pero se separó de mí más rápido de lo que pude esperar. Sus ojos llorosos me miraban con admiración, lo que me confundía. —Lo siento, Isobell —susurró —, no puedo seguir mintiéndote — acarició mis mejillas—, ya no siento nada. —Si ya no sientes nada, ¿por qué me miras así? —No te miro de ninguna manera, solo ves lo que quieres —apartó su mirada—. Lo siento, pero esto se acaba aquí. Me quedé estática, en medio del salón mientras lo veía irse sin arrepentimiento alguno, mientras se iba y se llevaba con él una parte de mí que nunca regresaría… me sentí desesperanzada y ese sentimiento me invadió de nuevo. Dejé caer una lágrima ante lo vívido que parecía tenerlo frente a mí y más que eso, ante lo real de cada emoción sentida. Llevé mi mano hasta mi boca sintiéndome completamente horrorizada, consternada, confundida... —Que conmovedor —dijo Cóndor con una sonrisa—, recordaste algo y no puedes negarlo —abrió sus manos colocándose de pie— ¿Tan fuerte ha sido que ha logrado golpearte como una ola en medio del mar? El enojo se posó en mi pecho, le miré intentando descargar cada fibra de dolor sobre él. —¿Qué es lo que quieres de mí? —grité — ¿Para qué me has traído aquí? ¿Por qué me haces ver estas cosas? ¿Qué clase de droga me pusiste? —tomé una rápida respiración— ¡Si es dinero lo que quieres pues te equivocaste de persona, si en cambio es venganza, estoy segura que lo que sea que mi padre haya declarado en tu contra te lo tenías bien merecido! Cóndor rio como si hubiese contado el mejor chiste de la historia. —¿Aún crees que quiero dinero? ¿Tanto quieres negar el hecho de que estás aquí por Azarías? Ya te lo dije y te lo expliqué, Isobell, yo quiero venganza, quiero que Azarías sienta lo que es perder todo lo que ama, quiero hacerlo pagar por una deuda que se creó antes de tu conocerlo —se colocó de pie—, quedaste atrapada en medio de una guerra que no te pertenece. Voy a utilizarte, voy a acabar con tu mente, voy a hacerte sufrir una y otra y otra vez y a grabarte en el proceso —su mirada era la de un completo lunático—, le mandaré cada video a tu estúpido novio hasta forzarlo a hacer lo que yo quiera, y no todo acaba allí, luego iré por su madre y por su hermana. Tomó mi rostro en sus manos con más fuerza de la que pude imaginar, mis dientes lograron cortar mi boca. —He planeado esto durante mucho tiempo, Isobell —su cara pareció transformarse a una más siniestra y macabra—, quizás te preguntes cómo alguien como Azarías termina en esto y que yo soy el malo y el monstruo de la película, pero la verdad es esta —se acercó a mi oído —, ninguno de nosotros es diferente, todos somos monstruos en el interior, todos tenemos una bestia encerrada esperando a salir, unos la dejan y otros no, pero está allí. Con las subidas y bajadas de mi pecho esperaba respirar al menos, sin embargo, nada parecía saciar la necesidad de oxígeno. —Vas a pagar por todo lo que estás haciendo —luego quise golpearme, aquello no podía haber sonado más vago. —Ya he pagado por adelantado — explicó enredando un mechón de mi cabello en su dedo—, el padre de Azarías se aseguró de ello quitándome lo único que amaba en este mundo. Tiró de su mano hacia abajo halando mi cabello en el proceso, me contuve de gritar, pero las lágrimas no parecían querer obedecerme. —Quizás yo no era bueno, no voy a negarlo, yo era la bestia en persona —sonrió con malicia —, pero ellas veían lo bueno en mí, pues sabían que alguien tenía que ser despiadado en este mundo para hacerlo reaccionar. Me lanzó al suelo. Las lágrimas salieron de mis ojos, me quedé sin aire un momento. Mi nariz había recibido el impacto y el temblar de mi cuerpo no ayudaba en lo absoluto. Sentí cómo me giró para dejarme boca arriba y luego se posicionó sobre mí. —Es por eso que tú, Isobell, vas a recibir lo peor de esta bestia—tomó mi mandíbula, sus ojos parecían estar encendidos en fuego. En un ágil movimiento, alzó mi cabeza y la golpeó contra el suelo. Grité, lloré, no estuve segura. Puntos rojos y negros aparecieron en mi visión, nublando mis ideas, haciendo que mi cabeza no pudiera dejar de zumbar. —Eres el principio de mi venganza —su voz parecía cortar el mismísimo aire. Un dolor aún más fuerte se precipitó en mi mejilla, pero no fue hasta que sentí la sangre dentro de mi boca que entendí lo que había sucedido. Me había golpeado tan fuerte que rodé hasta que cada parte de mi rostro tocase el suelo. Cada acción suya era desencadenada por la anterior, tan rápida una detrás de otra en un efecto dominó que me dejaba sin tiempo para actuar y defenderme. Mi cabello fue halado hacia atrás arqueando mi espalda, permitiendo a mi garganta soltar más que sollozos. —Y no bastándome eso, eres el gran final. Empujó mi cabeza hacia adelante intenté frenar el impacto con mis manos, pero no fui lo suficientemente rápida. Estaba llorando, me sentía impotente, indefensa y completamente humillada para el momento en el que un fluido salió de mi boca. Vomité, estaba mareada y lastimada más de lo que pude haber procesado. No estaba segura, pero me pareció ver sangre también salir de mi boca. Su risa inundó la habitación haciendo que mis entrañas se removieran. Parecía un retorcido juego al que no tenía idea que había entrado hasta ese momento. —Voy a dejarte sola durante días —escuché mientras limpiaba mi boca —, completamente sola en esta habitación y quiero que además de esos estúpidos recuerdos llenos de amor y felicidad, sepas sin duda alguna que el único responsable de toda esta miseria por la que pasas... Le miré ocultando el miedo que sentía. —...Es Azarías, el mismo ser que te dio su amor hoy te hace pasar miseria. La puerta se cerró de golpe. Me dejé caer sentada examinando mis heridas. Mi pierna punzaba más de lo que había esperado, me la había lastimado en algún momento, mi mejilla no dejaba de arder y si la tocaba, efectivamente disparaba dolor a toda mi cara. La parte de atrás de mi cabeza parecía haber alojado a un huésped y todo mi cuero cabelludo ardía amenazando con caerse. Finalmente, mi boca sabía a sangre y a vómito, una combinación que nunca antes había probado. El dolor fue demasiado fuerte para soportar, sentía que me desmayaría en cualquier momento. Lloré. Yo no era de estas chicas valientes y ágiles para pensar una escapatoria exitosa, que se veían en las películas. No tenía idea de qué hacer, ni siquiera sabía qué había hecho para estar aquí en primer lugar. Miré a mí alrededor y estaba sola, no estaba Sasha, no había nadie en la habitación ni nada en lo absoluto. La cama había desaparecido al igual que la silla que antes reposaba frente a ella. Solo estaba yo con mi dolor y mis dudas, con el frío suelo y el olor a vomito extendiéndose a cada rincón.  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR