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Diabólica tentación

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oscuro
posesivo
reincarnation/transmigration
atreverse a amar y a odiar
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bxg
demonio
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cruel
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intro-logo
Descripción

Herondale había sido criada para conceder cualquier deseo, por muy difícil que parezca, pero ella no puede tener lo que más anhela.

Frederick nunca deseo nada, hasta que la conoció, ella logro despertar en él algo tan perverso que jamás imagino.

Las almas que están destinadas, se encontraran sin importar nada.

¿Podrá un alma bondadosa como la de Frederick aceptar la maldad de Herondale?

Sin duda, ella es una diabólica tentación.

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Prefacio - El lugar de los deseos
Esperaba sentada en un rincón el término de su condena; cuando aquello pasara, lo buscaría, y esta vez, sería suyo. - Espero que aprendieras la lección –dice una voz profunda, ronca. - Sí, padre –dice sin ninguna emoción en su voz. - Bien –sonríe complacido–. Necesito que busques el lugar donde los deseos abunden. - Me he perdido más de cien años de cambios, así que no sabría por dónde empezar –dice lo más neutral que puede, intentando esconder el veneno en sus palabras. - Volverás a la tierra y lo buscaras –dice en tono autoritario. - Como ordenes, padre –dice de forma mecánica. Él abre la puerta de la celda y ella sale cabizbaja, con paso triste, pero elegante. - Tu madre desea verte antes de que te marches –dice con desinterés. - Iré en seguida –dice con voz plana, la verdad le apetecía poco hablar con su padre. - Llévate a Katria y Vladimir, los necesitaras –le mira de reojo, ella miraba al frente. - Gracias, padre –dice, el sarcasmo pintando su respuesta. - Espero que esta vez no me decepciones –dice en tono frío, él no acostumbraba a dar segundas oportunidades. - No lo haré, padre –dice con voz plana. No quería volver a ese calabozo, pero más que nada, deseaba encontrarlo. - Bien –dicho esto, se alejó con ese caminar arrogante que ahora, le molestaba con el alma. Ella camino al cuarto de su madre. El pasillo era largo, alto y un tanto angosto, por lo que sólo podían pasar dos personas al mismo tiempo. En la entrada, esperaban dos Lamias, a diferencia de ella; ellas eran parecidas a Lilith. - Deseo ver a la gran Lilith, mi madre –dice en tono autoritario, ellas eran sirvientas. Estas asintieron y le cedieron el paso, abriéndole la puerta. El cuarto de su madre estaba tapizado con seda y satén en color n***o, rojo carmesí y lila. - Veo que tu padre te ha levantado el castigo –le sonríe, verla era caer hipnotizado por su belleza, una máscara que usaba, en realidad, parecía un c*****r andante. - Sí, me ha dicho que deseabas verme –le mira restándole importancia a su padre, deseaba tanto poder deshacerse de su control, obtener su tan apreciada libertad. - Sí, quiero darte algo que te ayudara allá, en la tierra –señala con su dedo hacia arriba. - ¿Qué es? –pregunta sin emoción en su voz. - Ropa, zapatos, joyería y maquillaje –podía notar la emoción en la hipnótica voz de su madre. - ¿Maquillaje? –arquea una ceja mientras le mira con disgusto–. Eso sólo lo usan las cortesanas, madre –dice casi con asco. - Los tiempos han cambiado, ahora lo utilizan las mujeres modernas –hace un ademán con la mano para restarle importancia. - Es bueno saberlo –dice un poco molesta. - Lo sé, ahora –dice tomando un vestido n***o, de manga larga, pero corto de la parte de abajo– un baño y luego, te pondrás esto. Se despoja de su largo vestido; se sumerge en la tina retirando la suciedad de más de cien años. Cuando termina, se seca y se coloca el vestido; se ajustaba a sus caderas y a su pecho, era más sencillo y le sería más fácil moverse. - Es más cómodo –dice apreciando su reflejo en el espejo. - Lo sé, ponte esto –dice extendiéndole unas botas y unas medias largas, lo siguiente que su madre le coloco, fue el maquillaje. Cuando está lista, se observa en el espejo de cuerpo entero; se veía más que espectacular. - Gracias, es hora de irme –dice dándose la vuelta, quedando de cara con su madre, toma las cosas, la abraza y sale. Camina con paso firme, y no se detiene en ningún momento, a pesar de que fue llamada por sus hermanos un par de veces. Después de todo, ninguno de ellos era Lucca, así que no había necesidad de detenerse. Cuando llega a la puerta del Sheol, Vladimir y Katria ya la esperaban. - ¿Alguno de ustedes sabe cómo se vive allá arriba? –les mira con atención. - Sí –respondió Vladimir–, estuve hace poco en la tierra. - ¿Hace cuánto? –pregunta con amabilidad, Vlad y Katria eran como de la familia, ellos habían estado ayudándola en el calabozo, bueno, lo más que les permitía su padre. - Tres meses –dice con respeto hacia su joven ama. - Eso está bien, no creo que en tres meses cambie todo –les asiente complacida–; es hora de irnos –dice sin voz autoritaria. Conocía a Vladimir y Katria desde que era una bebé, y más que empleados, eran como sus tíos, al menos para ella. Vladimir toma las cosas de su joven ama antes de partir a la tierra utilizando el portal que iba directo a Yorkshire del Norte, y de ahí, a Craven.

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