Herondale camino con paso firme dentro de la escuela, todos la veían con asombro, maravillados.
Al entrar, todos se congelaron para verla pasar. Unos hermosos ojos ámbar la observaron embobado; aquella chica era tan hermosa como Afrodita, vestía una falda vaporosa de color azul celeste hasta la rodilla, una blusa de manga larga, parecida a una camisa; en color beige. Usaba unos botines estilo victoriano en color n***o. Su cabello n***o caía por su espalda, como una hermosa cascada, sólo que de ébano. La ropa lograba que aquella chica pareciera angelical.
Su hermoso rostro de nívea piel, estaba maquillado de una forma casi natural. Sus ojos color vino, estaban delineados de forma muy suave; sus párpados tenían una sombra que combinaba con su blusa, logrando que sus ojos lucieran profundos y cautivadores; sus largas pestañas estaban cubiertas por una ligera capa de máscara; sus labios estaban cubiertos de un rosa pastel, volviéndolos tentadores.
A pesar de toda aquella belleza angelical; había algo en ella que le provocaba escalofríos, su mirada le revelaba que podía ser traicionera, debía recordar, que las apariencias engañaban.
Herondale volteo y observo a Frederick; ella le sonrió con dulzura y coquetería antes de volver la vista y seguir caminando.
Frederick se paralizó tras aquella acción, él supo que ella no era normal, había algo extraño. Desde pequeño, había sido capaz de ver y sentir lo que los demás no, por esto, sabía que aquella chica era siniestra; ¿pero quién podría ser ella?, ¿acaso Eris, la diosa de la discordia?, ¿o Afrodita, la diosa de la belleza y sensualidad? Aunque claro, había que recordar que ambas eran traicioneras y manipuladoras.
No sabía que era o que llegaría a ser, pero tendría cuidado. Salió de su ensimismamiento y se encaminó a su salón.
- Hola Mikell –dice una chica bajita, de piel tostada, un hermoso cabello castaño oscuro y grandes ojos negros a modo de saludo.
- Hola Channary –le sonríe mientras deja su mochila en el suelo.
- ¿A mí no me vas a saludar? –dice una chica alta, de piel de un tono plateado y con pecas; su cabello rubio platino le caía en suaves ondas, unos ojos grises lo observaban con diversión.
- Hola Grace –alza la mano a modo de saludo–. ¿Tú no me vas a regañar?
- No –dice una chica de cabello n***o, largo y lacio; piel de color aceitunada y unos ojos verde jade–, puesto que no soy tu madre. –Splendora, Grace y Channary, las había conocido en el jardín de infantes. Splendora le había llamado Mikell, y desde entonces, todo el mundo lo llamaba así.
- Me da gusto verte Splendora –ríe negando, parecía tan seria, pero él sabía lo divertida que podía ser.
- A mí también –le sonríe sincera–; ¿qué tal tus vacaciones?
- Bastante divertidas, ¿las tuyas? –le mira atento, se había girado un poco para verlas a todas.
- Aburridas –hace un ademán con la mano para restarle importancia.
- ¿Las de ustedes? –mira atento a las chicas, ellas los observaban interactuar.
- Muy divertidas –dice Grace–, he viajado mucho.
- Igual que las de Splendora, todo fue muy aburrido –Channary se encoge de hombros.
- Lo que pasa, es que no saben divertirse –le dice a modo de broma.
- No me llama la atención tu forma de diversión –Splendora rueda los ojos, una pequeña sonrisa quería escaparse.
- Dejémoslo ahí –niega riendo, eran todo un caso–; ¿han visto a la chica nueva?
- Yo sí –dice un chico alto, de cabello castaño y c***o; de ojos café amielados y de piel clara–, parecía una muñequita de porcelana, una muñeca muy sexy –sonríe coqueto, suspira tras pensar en ella.
- Sólo lo hace para llamar la atención –dice una de las chicas rodando los ojos.
- Bueno Channary, le funciona –dijo aquel chico embelesado. En ese momento entro la maestra, le seguía aquella chica.
- Buenos días jóvenes, quiero presentarles a su nueva compañera, Herondale Luxfero –dice mientras se coloca tras su escritorio.
- Encantada de conocerlos, pueden llamarme Herondale –les sonríe con fingida alegría.
- Pasa a sentarte junto a Wentworth y Seraph –le dice la maestra en tono suave. Ella asiente y comienza a caminar en aquella dirección; cuando llega, le sonríe a Frederick y se sienta con la elegancia que era habitual en los Luxfero.
Frederick llego a la conclusión de que Herondale era caos, aunque, si era sincero, le parecía uno muy hermoso.
Cuando el almuerzo llego, Splendora, Grace y Channary salieron a toda prisa del salón.
Frederick se reunió con Jesé, los demás chicos se reunieron alrededor de Herondale. Ella sonreía y batía sus negras y largas pestañas, era hechizante, tenía algo que te atraía como mosca.
Herondale quería reírse hasta reventar, la mente de aquellos chicos la estaba matando de risa. Pensamientos como: “¿aceptaría ser mi novia?”, “tiene unos pechos grandes”, “¿será bruja?”, “esta buenísima”; le causaban gracia, la mente humana era tan simple.
- ¿Crees que sepa lo de Mikell? –dice Splendora mirando al cielo, se sentía molesta.
- Es lo más seguro –responde Grace negando, esa mujer era un dolor de cabeza.
- ¿Qué vamos a hacer Splendora? –pregunta Channary angustiada.
- Mantenerla alejada de él y cuidar lo que hace. –Splendora no iba a permitir que Herondale le arrebatara a Mikell, no de nuevo.
- Será mejor volver. –Splendora y Channary asintieron y caminaron al salón.
Cada pensamiento era distinto, aunque el noventa y cinco por ciento eran graciosos. Al final del salón, un pensamiento singular llamo su atención: “¿qué tiene de especial ella?, ¿por qué Ren se interesa tanto? Lo más seguro es que sea una chica fácil”; Herondale sonrió para sus adentros, ella iba a ser su primera clienta en aquella escuela.
Herondale disfrutaba las caras de Channary, Grace y Splendora, pero sobre todo, la de esta última.