CAPÍTULO VEINTIDÓS Aidan cabalgaba por el terreno desierto con Anvin a su lado y Blanco a sus tobillos, sudando mientras el sol caía sobre ellos. Jadeaba por aire ya que el polvo en su rostro hacía difícil el respirar. Sabía que en alguna parte en el horizonte se encontraba Leptus, y a pesar de que estaba exhausto, se obligó a sí mismo a resistir y no mostrar ningún signo de debilidad, especialmente frente a Anvin. Habían estado cabalgando por horas sin detenerse a tomar un descanso desde que habían dejado a su padre y sus hombres en las afueras de Andros, y Aidan estaba determinado a no decepcionarlos. Quería que Anvin empezara a verlo como a un hombre. Mientras cabalgaban, Aidan se llenó de una sensación de orgullo y urgencia. Sabía que esta era la misión más importante de su vida, y s

