Hogar

1806 Palabras
La comida llegó y las palabras cesaron, sólo se oían los cubiertos nuestros y de las demás mesas junto con la música, el hambre que teníamos era voraz, pero no era más que el hambre que nuestro cuerpo nos hizo dar ante semejante revelación, todos los momentos históricos de la humanidad estuvieron contorneados de momentos de quietud, la muerte de Lincoln fué asesinado en una obra, la última cena fue el preludio a la tragedia, los banquetes que se dan a prisioneros antes de la silla eléctrica, parecía que en algún momento alguna tragedia fuese a suceder, y en verdad la estaba esperando, mis ojos se posaban en la entrada del restaurante, mientras comía esperaba que la tragedia llegase a la puerta, o la dicha o lo que sea, para poder darle un peso adicional a mi búsqueda. La comida llegó y ya ninguna tenía ganas de volver a Versalles, para ser franca, ninguna quería tener que darle la cara otra vez a la realidad que nos atormentaba, o por lo menos más inmediatamente la realidad de Ana María, que tenía la cosa más difícil que la mía para ser sincera; aunque mi incertidumbre me ahogaba, no quería tener que verle la cara a la verdad, o tener que ser víctima de otra revelación de Isabella, pero tampoco quería estar allí, el lado desconectado de mi cerebro estaba dichoso, íbamos a ir a dormir. Ana María sugirió ir a quedarnos en su apartamento, no sabía qué tan lejos o cerca quedaría del lugar, simplemente la seguí, vi como pidió el taxi, lo que me hizo pensar que quizá estaba lejos de aquí, algo que iba a dificultar mi camino a casa el día siguiente; pero ya eso no importaba, solo importaba llegar a dormir, aparte de la curiosidad que volvió a nacer en mí en ver la casa donde vivía Ana María. Llegamos al cabo de unos siete o diez minutos al apartamento, realmente no era lejos, pero sabía que no mucho transporte público pasaba por aquí, así que era la mejor forma de llegar No me van a creer seguramente, porque la gente vive llena de prejuicios y pensamientos erróneos sobre las personas que se dedican a esto, pero el apartamento de Ana María no era para nada desorganizado, mucho menos precario, Ana María había llegado a alcanzar una gran cantidad de inversión para su hogar, era tan grande como la mía, pero con la diferencia que vivía sola, entonces tenía tiempo. “Y esta es” dijo cuando entramos, dándome el derecho a husmear en cada cuarto, en el baño, cocina y closet, ella daba todo por sentado cuando me mostraba su apartamento, tenía dos cuartos, uno levemente desorganizado, nada a comparación del mío, y otro cuarto que dejaba entrever era su lugar de trabajo. —Esto se ve....—no me animé a terminar la frase— —Si, aquí suelo trabajar—dijo orgullosa— —¿Pero no que tenías que hacerlo en el edificio de la agencia?—pregunté —Si en tu casa está bien organizado el lugar, no hay ruido y estás cómoda, puedes hacerlo aquí—dijo mientras entraba al cuarto en cuestión —Aparte aquí no hay ventanas al exterior, y tengo todo paneado para que no haya rebote de ruido y se insonorice lo que más se pueda —¿Y estás segura de que no se oye? —Créeme que no, aparte ¿Quién me crees? Tampoco soy una gritona escandalosa—dijo mientras yo me quedaba aturdida viendo el nivel de producción que tenía en su cuarto, tenía una pantalla grande para poder verse a ella misma, una buena iluminación, un buen micrófono y una cámara que daba miedo hasta mirarla por lo costosa que aparentaba —Pues sí que lo tienes bien montado—le dije sincera —Si, y la verdad me está yendo bastante bien—dijo avergonzada—¿No crees que sea algo malo trabajar de esto verdad? —No, para nada, al contrario estoy orgullosa—dije para demostrarle mi apoyo— y créeme que está todo bien —Gracias—dijo aliviada—y con suerte ya no tendré que tener encuentros con nadie para el dinero adicional, y solo con los shows desde mi casa bastará —¿No te da miedo eso?—pregunté —No, como te dije, gracias a la agencia comencé directamente con gente muy adinerada, esos viejos no más lo hacen con una de nosotras, entonces que digamos que tengo a mi “clientela” por decirlo de alguna manera —Ajá —Entonces pagaban muy bien porque pues ya sabes, ricos—dijo sonriente— y no siempre necesitaba hacerlo, así que no lo he hecho tantas veces, alrededor de… —¡¿Lo has contado?! Eso si es vocación —Para que veas que no han sido tantas, sé que son menos de cincuenta veces, y han sido con cuatro tipos únicamente —Vaya, pensé que lo hacías con muchos más —No, para nada, y además lo hago con toda la protección posible —¿No te da miedo que tus propios clientes te exhiban? —No, la agencia cuida muy bien a sus trabajadoras, y si aún así se filtra algo, pues nadie se daría cuenta —Es cierto—dije pensándolo—pero si te haces famosa por internet puede llegar a ser problemático para tu círculo social, ¿No? —Lo sé—dijo suspirando—pero mira, ya me gradué, trabajo en esto, y—lo que dijo me dejó riéndome por un buen rato—aparte si se exhibe, me hacen publicidad, así y seguro hay más chance de que me encuentre con mi familia —Al final eres una descarada—dije riéndome como loca un largo rato —Bueno, oportunidades es como quisiera llamarle—respondió entre risas —Gracias por comprenderlo—me dijo con una sonrisa mientras regresaba a la sala de estar y se sentaba en el sofá, era n***o, de cuero y hacía un gran contraste con el resto de la sala que tenía colores cálidos, al sentarse en el se podía escuchaba el cuero retorcerse —No pasa nada —Realmente si, no es muy fácil que la gente sepa estas cosas —¿Solo lo sé yo?—pregunté —No, también lo sabe, obviamente Isabella, las chicas que están en la agencia y en la galería, Emiliano, y la dueña de este conjunto residencial, bueno y ahora tú también, nadie de la universidad lo supo, y pues eso me limitó bastante porque no podía juntarme mucho con las personas, era arriesgado que la gente supiera que hacía en mi vida privada. —Tengo muchas preguntas—dije con un tono de vieja chismosa —A ver —¿No le pone problema la administradora del apartamento por esto? —No, la verdad es que no, al inicio si me vio con una cara de “Esta cualquierona” pero después lo entendió cuando le expliqué mi situación y dijo que lo podía hacer siempre y cuando no afectase al resto de la comunidad —¿Y cómo hiciste para la universidad? Porque yo te conocí ya después, habrías necesitado r************* para comunicarte, y pues es difícil evitar a la sociedad cuando tienes que estudiar con ella —Fué algo que me tenía casi calva del estrés en los primeros semestres, porque necesitábamos comunicarnos y yo era la que siempre ponía problema, pero me compré una nueva Sim Card y con eso el nuevo número más fácil todo. Pero eso sí a mis compañeros se les hacía muy raro que no tuviera otra red social, así que para evitar preguntas me creé otro perfil, pero antes de poner información mía pues bloqueé el perfil del sujeto, tengo de foto de perfil siempre imágenes donde no tenga mi cara, y el perfil privado para que no pueda ver nada de mi información. —Muy pensado todo, que elaborado—dije seguidamente de una sonrisa casi maternal hacia Ana —¿Qué pasa?—me preguntó ante mi rostro —No parce, que es muy jodido todo; la verdad te ha tocado bregar para hacer todo eso—dije inmediatamente incorporando—¿y no has pensado en demandarlo? —No, la verdad me da miedo, vivo sola, no tengo familiares, y el tipo es bastante peligroso, sé que tiene amigos igual de locos que él, yo solo quisiera no sé, irme de la ciudad, aparte las demandas aquí toman mucho tiempo, tiempo que estaría expuesta. —Tienes Razón—dije en un tono derrotista —Pero no te sientas mal, cerré mi cuenta anterior de mis r************* , donde el último mensaje del tipo fue hace ya meses y vivo lejos de donde él se la pasaba, aparte siempre me muevo por los mismos lugares —Me da pena —¿Por qué? —Por ti, estás limitando tu campo de acción, es como si estuviera el destino diciéndote que no puedes andar por ciertos lugares, y debido a eso perdiste mucho, me parece injusto, más que pena, es una injusticia deliberada del destino. —Bueno, puede ser; pero reconozco que yo también me lo busqué—dijo mientras se comía los labios hacia dentro de su boca—le perdoné sus primeros actos de machismo, dejé que hiciera lo que quisiera conmigo, y en cierta medida me sigo preocupando por la señora —¿La madre del tipo?—pregunté —Si, la madre del tipo, era alguien que si, al inicio hacía la vista gorda, pero debe ser difícil para una madre asimilar que su hijo es un enfermo de la cabeza, pero al final era una buena persona, me ayudó en el momento crítico y me permitió unirme a la agencia —¿Con ella no te has hablado?—preguntó —No, al igual que como con el hijo, cuando fui la agencia, me escondí incluso de ella, sabía por su amiga que me había venido a buscar, pero nunca supo que estuve allí, era mejor evitar algún problema, pese a la necesidad que sentía de preguntarle muchas cosas, y además saber si estaba bien —Si, era la mejor decisión, mucho mejor a exponerse a otro ataque que terminase peor para las dos—dije sincera —Y ahora que mencioné a Isabella—dijo recogiendo sus piernas bajo su torso—cuéntame qué te dijo, ¿Cómo te convenció? —Suena como si fuese una maquinadora maquiavélica, ¿Quieres saber? Bueno—dije acomodándome y estirándome por el sofá para contarle todo. Ana no perdió ningún detalle a cada una de las palabras que dije, le interesaba mucho al parecer lo que Isabella pudo haberme dicho sobre todo.
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