Las paradas iban disminuyendo paulatinamente la cantidad de personas que en los vagones había, hasta finalmente sentir un aire frío, poderse estirar y esperar más cómodamente mi bajada; cuando llegué salí disparada hacia la salida del vagón y de este a la propia salida de la estación para caminar unas pocas calles hacia mi casa, ya me sentía mucho más segura en mi zona de confort, no tenía que ir preocupada por la delincuencia, o bueno, igualmente si, uno nunca llega a saber realmente hasta qué punto un lugar es un lugar seguro para estar aunque permanezcas allí un largo rato. Llegué al portón de los apartamentos donde vivía, unos apartamentos viejos en todo el sentido de la palabra, la gente que vivía allí, el celador, el propio perro del celador, hasta los coches que allí estaban de los residentes eran viejos; entré y subí por uno de los elevadores que habían puesto hace no muchos meses, puesto que antes tocaba subir a pié por las escaleras y la gente se quejaba, quería actualizarse; subí, y en total silencio entré al apartamento, mis padres estaban sentados en la sala principal viendo la repetición de las noticias.
—Buenas noches—dijo mi papá mientras seguía mirando fijamente la televisión
—Hola mamita, ¿Cómo le fue?—preguntó mi mamá
—Me fue bien, logré vender
—Ah bueno, ya con eso puede empezar a pagarse más sus vainas—dijo mi papá
—Si—respondí agotada por la caminadera de hoy—voy a comer y dormir
—Ahí hay comida para que se caliente—dijo mi mamá
—Listo—dije dirigiéndome a la cocina, era una lo suficientemente grande teniendo en cuenta que apenas vivimos tres personas aquí. Miré dentro del microondas el cuál ya tenía muchos años ya de uso, creo que tenía incluso más años que yo, dentro de él había arroz, papa salada y carne salteada con verduras; las calenté un poco mientras me servía un poco de limonada que había en la nevera, apenas si escuchaba a mis padres de fondo hablar de las noticias, especialmente mi madre, era alguien que le gustaba opinar mucho sobre lo que veía, mientras que mi padre era muy reservado con eso, no le gustaba para nada la política, creía que uno no debía meterse en esas cosas porque solo ocasionan problemas, y puede que hasta cierto punto tenga razón el viejo.
—Buenas noches—dije mientras pasaba por la sala con la comida en dirección a mi cuarto
—Hasta mañana—respondió mi mamá; mi padre se limitó a asentir con la cabeza mientras seguía en su viaje místico con el televisor
Entré a mi cuarto y estaba igual a como lo había dejado, me senté en el escritorio que tenía dejando mi comida sobre él y empecé a comer, era una de esas veces en las que uno está totalmente desconectado de lo que lo rodea, estaba agotada pero también pensando en lo que podía llegar a ser un cambio por lo menos económico para mis pinturas si las vendía en Versalles, miraba a un punto fijo mientras llevaba el tenedor lleno de comida a mi boca, apenas si parpadeaba y lo único que se movía de mi anatomía era mi boca y mi brazo para poder realizar la labor. Quizá el lector tenga mejores relaciones con sus padres, pero la mía era un poco extraña, si bien todo sucedía de manera respetuosa, era como dije antes, sentirme un huésped dentro de la casa, lo que hacía que no me sintiese cómoda del todo, sentía que habían limitantes, mi madre hacía al parecer de comunicadora en una relación totalmente apagada entre mi padre y yo, que pese a que nos llevamos bien de a ratos y sinceramente le tengo mucha estima a él también, siento que tenemos enfoques totalmente distintos. Acabé de comer y dejé los trastes sobre el escritorio, me quité la ropa completamente, para hacer una muda de piel y de telares para ahora estar más cómoda, una blusa y un short que me permitiese respirar mucho más la piel y no sentirme tan apretada.
Mi cuarto era uno muy normal, no tenía las grandes extravagancias que quizá muchos tendrían, pero tenía lo necesario, el computador donde de vez en cuando modelaba mis piezas gráficas o cuando era necesario y la situación estaba difícil con la venta de las pinturas, por allí las promocionaba, también fue de bastante utilidad para mi periodo de estudiante, de poco más usaba el computador, tenía la pared de la ventana apuntando a la torre de enfrente, con unas vistas a las celosas vidas de los inquilinos, arrendatarios, familias, gente solitaria y en general todos, porque todos cerraban las persianas como si se guardase un gran secreto dentro de sus moradas, yo personalmente solo las cierro cuando tengo que cambiarme, y eso, a veces se me suele olvidar, pero normalmente todos los vecinos tienen sus persianas cerradas, entonces no hay mucho de lo que preocuparse. Así mismo al lado de la ventana tenía algunos dibujos y pinturas que hice a temprana edad, a veces me cuesta recordar por qué pegué eso ahí, supongo que a todos como seres humanos nos gusta guardar muchas de las memorias y cosas que hicimos cuando éramos menores, en especial si son cosas artísticas; ¿Cuántas madres no tendrán un cuadro o un trabajo de artes de los primeros años de estudios de sus hijos? Parece que les recuerda una época mucho más inocente de nosotros, o por lo menos una época donde quizá era mucho más fácil manejarnos, porque luego se tienden a complicar mucho las cosas. Pero, ¿para qué sirve guardar todo eso? Si después cualquier reconocimiento o esfuerzo hacia sus hijos lo ven como algo que debe ser de forma natural y el estatus quo de su comportamiento, al inicio de nuestras vidas todo es premio, todo es ganancia y un sin fin de aplausos honorables por parte de principalmente nuestros familiares, para luego ser simplemente un familiar más al cual decirle “feliz cumpleaños” o “feliz año nuevo”, no tienen una razón de ser; no obstante cada persona con una misma intenta darse ese ánimo hacia su alma, y quizá por eso guardamos nuestros propios recuerdos, porque eh, recordar es vivir dicen por ahí. Sumado a las pinturas de mis edades más tempranas, también hay bocetos a grafito de obras que tenía en mente como grandes ideas revolucionarias y brillantes que podría ejercer, pero que hasta el momento no he podido idealizar en una pintura, así que allí siguen. Me recosté y miré el celular, nadie llama ya en estas épocas, recuerdo cuando apenas tuve mi primer celular y todo el mundo se llamaba, incluso usaban mensajes de texto de los que gastan los minutos y saldo que tenías, yo casi nunca tenía saldo para hacer ninguna de esas cosas pero sí que tenía llamadas, me llamaban los pocos amigos y amigas que tenían celular en esas épocas solo para llamar y decir que estaban llamando, tiempos mucho más simples con acciones que hoy en día se consideraría mucho más banales y con menos peso significativo. En mi cuarto había un armario que ocupaba un gran espacio, era muy grande y pese a que yo tengo mucha ropa en lo que se refiere a camisetas y ropa interior, lo que más ocupa espacio es el la zona de los ganchos, donde realmente tengo pocas chaquetas o abrigos, por lo que es un despropósito total al espacio que tengo.
Retomando el celular miré uno de los mensajes por las r************* y pude observar un montón de interacciones, solía subir únicamente cosas relacionadas con arte, con eventos artísticos y de vez en cuando a lo que refiere a política, porque si usted no es colombiano o colombiana, tiene que saber que cada semana aquí dentro sucede algún escándalo de nivel nacional que da de qué hablar al país, al menos la gente le da su repercusión, así al menos se hace hito en cada una de las embarradas o cagadas que se hacían, generalmente los que tienen un gran poder sobre el territorio nacional. La gente solía reaccionar, gente que tenía agregada por puro descarte, gente con la cual ni siquiera había tenido ninguna interacción, quizá algún interesado, porque si, lastimosamente tiendo a buscarle el doble sentido o la intención oculta a las acciones de las personas, y la verdades que naturalmente con los hombres es así, lo que me pone a pensar bastante sobre el ¿Por qué están pendiente de lo que publico, digo, comento y/o hago? Había personas que parecían ser como unos fieles creyentes hacia mi, reaccionando a todo lo que ponía; eso sí, solía ver los perfiles de mis amigos cercanos que normalmente era de quien me robaba la información de los eventos para poder asistir.