Vicisitud

1898 Palabras
—¿Y en Versalles está cerrado?—le dije mientras hacía tiempo a esperar que Antionio se desocupara —No, está abierto, solo que hoy está mi novio—respondió—con suerte y hoy puedes conocerlo, si no es que se va y le deja las llaves —¿A quién se las deja?—pregunté —Se las puede dejar a alguno de los artistas, obviamente de los que él tiene confianza —Pues tiene que ser mucha, porque es peligroso hacer eso —No tiene miedo de ello, aparte tiene seguridad del lugar, por lo que se hace tranquilo para él —Entiendo Las dos nos quedamos mirando a Antonio, quien no paraba de hablar con unos visitantes, evidentemente fanfarroneando sobre él mismo y como encuentra a las futuras estrellas del arte contemporáneo nacional, era un narcisista en toda regla. Me cansé de ver tan horripilante escena y me acerqué a él ante la atenta mirada de Isabella. —Don Antonio—dije interrumpiéndolo de su monólogo —Hola señorita Carolina, ahora mismo estoy un poco ocupado con estas dos agradables personas—dijo de manera demasiada cortés, forzado Antonio inmediatamente me puso a un lado del panorama y siguió hablando de sus altos dones para la captación de artistas jóvenes. —Antonio, me llevo mi pintura—le dije secamente —¿Pero por qué?—dijo Antonio —Encontré un lugar donde venderla, entonces la retiro de aquí —Pero Caro por favor—dijo casi entre risas—discúlpenme, que vergüenza—les dijo a la pareja de vejestorios—sabes que aquí te ha ido bien —Si, pero me surgió la oportunidad en otro lado, así que gracias por el apoyo—dije mientras me iba y le hacía señas a Isabella de que me siguiera. Inmediatamente fui a los pabellones del fondo, donde Isabella se quedó embobada mirando todas las pinturas que allí había, hasta que fui interrumpido por Isabella —¿Esta es la tuya?—me preguntó —Ah… cierto que no la viste. Si, es esta—dije casi avergonzada por no habérsela enseñado —Está muy hermosa, y bueno, muchas de las obras de las que están aquí escondida lo están, me gustan mucho, seguramente triunfarían en Versalles —Pues si quieres contactar a los artistas yo… —No, cada persona que encuentre sus chances, si llegan a Versalles, será porque el destino lo quiso así o porque se esforzaron en hacerlo. —Hmmm… ¿pero no sería desperdiciar el potencial de muchos artistas?—le cuestioné —Muchos son artistas buenos, pero no todos triunfan Gaby, así que no tienes que sentir que se desperdicia algo, me gusta creer que las cosas pasan por algo y que no hay que forzarlas, si se fuerza puede llegar a ser algo más bien negativo, a ti te encontré porque el destino lo quiso así, no te esforzaste para llegar a mi, el esfuerzo lo hiciste contigo misma, no conmigo. —Eso suena casi como a un insulto —No, preferiría mucho más tener suerte que tener ganas en muchas cosas, sale mejor—dijo muy tranquilamente Me dispuse a guardar la pintura y cargarla en brazos de camino a la salida; cuando íbamos saliendo por el pabellón principal, se me quedaba viendo Antonio, sabía que ya había cerrado la posibilidad de presentar allí, mucho más porque se lo dije frente a dos personas que para él era a quienes debía de impresionar. Ese sentimiento de poder dirigir los hilos y tener tanto impacto sobre se viejo me hizo sentir una agradable sensación, no porque le haga sentir mal, sino porque mi impacto artístico era tal que podía llegar a afectar de sobremanera ese lugar, llevaba presentando allí un buen tiempo y ya me había ganado incluso un poco de reconocimiento de tantas veces que había estado allí. —Entonces, ¿Qué hacemos?—me preguntó Isabella —Pues vamos pa allá, ¿No?—dije mientras con esfuerzo hacía el intento de parar un taxi —¿Pa´ versalles?—preguntó —Si, ¿No?—dije mientras me acercaba a uno de los taxis que se detuvieron ante mi llamado —Está bien—dijo con cierta duda en su voz Nos subimos al taxi, ambas sujetando la pintura para que no pueda llegar a sufrir daños en el trayecto, Isabella le indicó el lugar al conductor. Durante el viaje no hablamos mucho, yo no era de charlar dentro de un taxi, porque sentía mi privacidad invadida por el chofer, así que no hablamos gran parte del trayecto, que pese a lo extendido, no demoró mucho, el tráfico fue agradecido. Cuando llegamos, los de seguridad saludaron a Isabella muy cordialmente, acompañado con un “Doña”, yo saludé como siempre y nos dirigimos hacia la primera sala. —Quizá si la ponemos aquí te sientas más segura—me dijo —¿A qué te refieres? —Dices que allá si presentaban en la primera sala era porque eran los de exhibición, aquí por en cambio no tenemos sitios específicos de exhibición, todo se muestra, espacio que hay, espacio que se da para la venta. —Entiendo—dije pensando—realmente me da igual el lugar si no tiene afectación como tal en el impacto —Bueno—dijo haciendo señas a un joven que se acercó y tomó mi cuadro—igual lo vamos a dejar aquí, no es como que tengamos mucha opción. Sentía a Isabella un poco más tensa, como si sucediera algo, esto me dio un vuelco de ansiedad en el estómago, como si se hubiesen tornado las fichas de comodidad y adrenalina que sentía por llegar aquí, sentía que en cualquier momento fuese a pasar algo. —¿Pasa algo? Está muy tensa parce—le pregunté francamente Isabella parecía no responder, simplemente se limitó a sentarse en un sofá más o menos largo de cuerina n***o, cruzó las piernas y se tomó con la punta de los dedos los labios, intentando encontrar las palabras para decirme lo que fuese que está pasando. —Ven—me dijo haciendo una seña con los ojos hacia el lado de ella —Pero dígame, deje tanta vuelta, parece pendeja —Tampoco es para que te pongas así —Si, pero pareces una niña de diez años evadiendo mis preguntas —Quiero que me digas algo, ¿Has visto a los artistas de estas obras?—me preguntó inquisitivamente —No, lo poco que he visto entre ayer y hoy son a unos pocos artistas, ¿Importa realmente?—dije ya desinteresándome en su cuestionamiento —¿”Unos”?—preguntó haciendo énfasis exagerado —Pues si, unos cuantos, ¿Qué importa?—dije, ya enojándome —Solo hay mujeres —Bueno, ¿Importa?—reiteré aún más ofuscada —Cariño, aquí solo venden mujeres porque….. porque todas ellas son putas —¿Qué dices?—dije totalmente extrañada—¿Pero por qué? —Porque esta venta está dirigida hacia consumidores—dijo casi encogiéndose de hombros, como esperando una explosiva respuesta por mi parte —Pero no entiendo—dije calmadamente, pero bastante confundida— —Todas las personas que pintan aquí son putas Gabriela, todas—dijo seguido de un largo suspiro—o bueno, alguna vez lo fueron; y la mayoría de personas que vienen aquí a comprar son clientes de ellas mismas —¿Pero qué clase de lugar es este?—dije confundida—pero cuando…—paré mi alegato cuando caí en cuenta—espera, y Ana María es… —Si, o bueno, como te dije, algunas lo fueron—dijo con un tono de arrepentimiento al haber expuesto a Ana María—no le digas que sabes por mi parte —¿Y por dónde me iba a enterar más? ¡Si te conozco de ayer y me entero de esto hoy!—dije histérica —No te enojes—dijo con las manos en palmas mientras miraba alrededor ante la atenta mirada de algunos visitantes y artistas que se alarmaron con mi subidón de tono —¡¿Cómo no me voy a enojar?!—dije seguido de un silencio largo —¿Cómo quieres que no me enoje? Me convences para trabajar aquí y ahora me dices esto, y tras del hecho Ana María nunca me dijo nada—dije dándome vueltas a mi propia cabeza mientras observaba mi pintura ser colgada en el pabellón central, a la vista de todo aquel que entrase—¿Acaso quieres que me una a esto para aumentar tu negocio? ¿El de tu esposo? ¿Acaso es un proxeneta que quiere vender a sus putas por medio de las pinturas? No... yo no soy una puta, no quiero ver a mi pintura aquí, la cagué en traerla. —Espera—dijo deteniéndome—ven Mi propia fe en que habría algo que ella pudiese decir para calmarme, o tan siquiera esclarecer lo que sucede aquí, la seguí y llegamos hasta el tercer piso, este tenía un balcón que sobresalía por el resto de la estructura, allí quizá el viento me relajaría un poco. —No eres una puta, ¿y si así fuese qué cambiaría?—me dijo —¡¿Así es como quieres aclarar mis dudas?! Intentando convencerme de que ser una puta está bien?—la cuestioné ofendida —¿Acaso ser puta es un insulto?—me preguntó con el mayor rostro de seriedad que le había visto—¿Acaso alguien que es una puta es una marginada que no puede hacer nada más? Sus apelaciones me habían dejado callada, sabía que era un golpe a la moral interna, pero no quería centrarme en eso, ni mucho menos dejar que ella jugase con mi manera de ver las cosas, sé que muchas cosas pueden desembocar a una mujer que se prostituya, muchas son por necesidad económica, a veces no hay muchas alternativas. —No digo que sea un insulto—dije ya calmada—solo que, hubiera sido bueno que me lo dijeras, en especial Ana María. —No la culpes, es difícil para ella—dijo intentando disminuir el peso sobre los hombros de Ana —Si, pero, aún no entiendo —Yo vengo de una agencia de prostitución —Suena muy profesional —Y lo es, créeme, no somos putas de calle que apenas si se saben vestir—dijo luego de una risa que yo no pude compartir— El caso es que, hace tiempo yo trabajaba de eso, en la agencia pues había prostitución como tal, y dentro del edificio aquel, habían cuartos donde podías hacer show de webcamer —¿Eso qué tiene que ver con esto?—pregunté apurada a una respuesta certera —Yo trabajaba de webcamer, tenía ya mis clientes que me veían, nunca me acosté con nadie, así que puta no soy, por lo menos no tanto —Ajá —Yo por ese entonces dibujaba, hacía retratos y se podían ver en el cuarto donde hacía de webcamer—dijo con la tonalidad más serena y calmada—un día de esos en que me tocó trabajar hasta tarde, cuando iba de regreso a casa conocí a Emiliano, mi novio —¿Y qué pasó?
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