Alex. el silencio que siguió a la propuesta de Margaret fue sepulcral. Daniela la miraba con incredulidad, a pesar de que la propuesta sonaba muy tentadora. Había algo en la proposición que no terminaba de convencerla. —Entiendo que todo esto te puede resultar extraño, querida —dijo Margaret, su voz llena de fingida preocupación—, pero te juro que no hay ninguna mala intención en lo que te estoy proponiendo. Lo único que quiero es cuidar de mis nietos, y también de Alex. Él está completamente hechizado por esa mujer sin escrúpulos que llegó a sus vidas sólo para dañarlos. Margaret se inclinó hacia adelante, su rostro una máscara de consternación que estaba lejos de sentir. —Me da mucha pena lo que me cuenta, señora —comentó Daniela, su voz llena de dudas—, pero es que yo no la conozco.
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