Alex. Salí de la casa de Margaret con un amargo sabor de boca. La mujer a la que le había entregado mi confianza, en la que había depositado la seguridad y la estabilidad de mis hijos, no era más que alguien sin corazón dispuesta a todo con tal de conseguir sus obscuros propósitos. Avanzaba en mi coche a toda velocidad y fue inevitable no recordar a mi amada Olivia, esa maravillosa mujer con quien había compartido tantos años de mi vida, la madre de mis hijos. Imaginaba lo decepcionada que se sentiría si ella hubiera sabido el grado de maldad que habitaba en el corazón de su madre. ¿Me preguntaba cómo era posible que no hubiera podido darme cuenta antes?, ¿Cómo Margaret pudo engañarme durante tanto tiempo? Todas las interrogantes llegaban a mi mente experimentando junto a los pensamientos

