Alex y yo nos quedamos de piedra cuando escuchamos la voz de Margaret, pero cuando volteamos nos dimos cuenta que ya se había marchado cerrando la puerta de golpe.
—Mi amor, pero qué vergüenza— Exclamé preocupada.
Alex soltó una carcajada, a él todo le parecía tan natural, era como un niño que se reía ante cualquier cosa.
—¿Vergüenza por qué?, Ella es la que debería estar apenada por no tocar la puerta—bromeó mi marido.
—Ay Alex, qué ocurrente eres, amor. Supongo que Margaret no quiso interrumpirnos, quiso ser amable y mira con lo que se encontró— lo reprendí todavía nerviosa.
—Ya mi amor, tienes razón, por favor discúlpame, pero ya me conoces lo bromista que soy, anda, vamos a prepararnos para la cena, y déjame decirte que estoy emocionado porque es nuestra primera cena familiar— Me dijo sumamente cariñoso.
—Yo también estoy muy emocionada, aunque te confieso que estoy un tanto nerviosa porque no sé cómo van a reaccionar los niños—.
—Te van a adorar porque eres la mujer más increíble, maravillosa y espectacular que existe en todo el universo—. Pronunció con esa efusividad que lo caracterizaba.
—Loquito, vas a hacer que me sonroje—.
—Quisiera que ese rubor en tus mejillas fuera por otra cosa— Pronunció con voz sugerente.
—Alex, eres insaciable, pero ahora tenemos que irnos así que deja esas manos quietas por favor si no la que no se va a poder contener voy a hacer yo—. Confesé con las mejillas ardiendo por lo que este hombre me provocaba.
Bajamos al comedor y la mesa estaba dispuesta de una manera especial, no obstante, podía sentir las miradas pesadas de Margaret dirigidas principalmente hacia mí, en cambio con Alex, ella se portaba de lo más normal, hasta se podía decir que de manera cariñosa, lo cual me provocó un poco de incomodidad, aún cuando decidí no darle tanta importancia, pues seguramente se trataba de imaginaciones que me estaba haciendo debido a la predisposición que tenía hacia ella.
—Todo está delicioso, Margaret, muchas gracias por encargarte— Expresó mi marido con esa calidez que siempre tenía para con los demás.
—No tienes nada que agradecer, esta siempre ha sido mi misión en esta casa, ayudarlos a ti y a los niños en todo lo que necesiten, ¿Pero supongo que ahora que Aurora está en esta casa ella se encargará de todo como debe ser?—Preguntó con un tono nada agradable.
—Por supuesto, pero tu ayuda siempre nos vendrá muy bien— Le dije amablemente tratando de dejar atrás los juicios que me estaba haciendo dentro de mi cabeza.
—A nosotros nos gustaría mucho que siguieras viviendo en esta casa, Margaret, Aurora y yo trabajamos mucho debido a nuestros negocios, y es bueno contar con alguien de confianza para que esté cerca de los niños— Dijo mi marido dejándome sorprendida.
A pesar de qué ya lo habíamos hablado, pensé que Margaret por sentido común abandonaría la residencia de los Bennett, puesto que nosotros ya éramos una familia, y obviamente yo como nueva pareja de Alex, podría hacerme responsable de las cosas aún cuando por supuesto nunca la privaríamos de qué estuviera cerca tanto de Amelia como de los gemelos. Sin embargo, era muy poco tiempo el que llevábamos de casados y empezaríamos a vivir juntos apenas esa noche, por lo que sería comprensible si Margaret decidiera quedarse un poco más en la casa.
—Yo no quiero causar molestias, Alex, pero si tú me lo pides, lo haré por mis nietos y por ti, en todo este tiempo he sido como una madre para ellos y sería muy doloroso para todos dejar de vernos, por supuesto, si Aurora no tiene inconveniente— Exclamó.
El tono de Margaret era algo ambiguo, pero preferí quedarme callada y no decir nada al respecto de cuáles eran mis impresiones, necesitaba darme la oportunidad de conocerla un poco más, tal vez por tratarse de la mamá de Olivia mi mente me estaba jugando una mala pasada y me hacía tener una idea que quizá no era la correcta.
—¿Por qué habría de tener inconveniente, Margaret?, Como bien lo dijiste, tú has sido como una madre para los niños, eres su abuela y es lógico que ellos quieran estar cerca de ti y tú de ellos— Le dije.
A partir de ese momento todo transcurrió de manera normal durante la cena, las niñas estaban felices compartiendo esta nueva etapa como hermanas, y los gemelos parecían estar muy acoplados a mí, como si me conocieran de toda la vida y eso me encantaba, pero seguía sintiendo el peso de la mirada y las insinuaciones de la ex suegra de mi marido. A la mañana siguiente, todos nos levantamos para retomar el rumbo de nuestras actividades normales, habíamos estado ausentes debido a nuestra luna de miel, pero era tiempo de qué las cosas volvieran a la normalidad. Alex y yo estábamos apunto de salir de nuestra habitación cuando escuchamos el llanto desgarrador de Margaret en la sala, así que salimos corriendo para averiguar de qué se trataba .
—¿Qué sucede, Margaret?— Preguntó Alex mientras bajábamos los últimos escalones.
—Cariño, mira nada más la perversidad que han cometido con el cuadro de Olivia, lo han destrozado— Soltó de repente dirigiendo su mirada hacia mí.
El rostro de mi esposo se transformó en una infinita tristeza, sabía lo que ese retrato significaba para los niños y por ende imaginó el horrible sufrimiento que esto les ocasionaría.
—¿Cómo pudo pasar esto?— Se preguntó Alex.
—Alguien tuvo que romperlo, no pudo ser de otra manera, ese cuadro tiene mucho tiempo jamás le había ocurrido nada— Despotricó la mujer.
Aún cuando Margaret no me acusó directamente, sus insinuaciones eran más que suficientes para que yo pudiera pensar que sus palabras iban dirigidas hacia mí. Era la única que había estado en su casa hasta ahora, y a eso era exactamente lo que se refería con lo que dijo .
—Los accidentes ocurren, Margaret, tal vez un movimiento inusual en la casa, una ráfaga de aire, cualquier cosa pudo haber provocado que el retrato se cayera, pero no se preocupen, vamos a reemplazarlo, por fortuna tenemos muchas fotografías de Olivia— Propuso mi marido en forma conciliadora.
—Me tranquilizan mucho tus palabras, querido, ¿Pero tal vez Aurora no esté de acuerdo que la fotografía de tu exesposa esté en la sala ahora que ella está casada contigo? —Preguntó en forma tendenciosa.
Las insinuaciones de Margaret me estaban cansando, y era momento de dejar la comprensión a un lado y y mostrar mi firmeza de una buena vez, porque de lo contrario ella seguiría atacándome y eso por supuesto que no podía permitirlo.
—Soy perfectamente consciente de qué mi esposo tiene un pasado, pero ahora él y yo estamos comenzando una nueva etapa, Olivia siempre será la madre de los niños y como tal, se le va a recordar, yo no tengo porque influir en el cariño de los niños ni de Alex hacia ella, y no me molesta para nada que su fotografía esté en la sala, no entiendo porque comentas algo así—. Le dije directamente y mirándola fijamente a los ojos.
Avancé rápidamente hacia la salida, Alex se sorprendió un poco por mi actitud, pero estaba muy molesta, pues desde que llegué Margaret lo único que había hecho era buscar la mínima oportunidad para provocarme, me molestaba haber caído en su juego, pero estaba cansada y no me gustaba que se me acusara falsamente de algo que yo no había cometido.
—Aurora, mi amor, espera— me decía Alex tratando de alcanzarme.
—Ahora no, Alex, se me hace tarde y tengo una reunión a primera hora— Contesté bruscamente.
Seguí avanzando hasta llegar al coche, me subí y cuando estaba apunto de cerrar para marcharme, un brazo fuerte se interpuso para que no lo hiciera.
—No voy a dejar que te vayas así, tenemos que hablar, Aurora—. Dijo Alex tajantemente.
Rápidamente rodeó el coche y se sentó en el asiento del copiloto, me miró con esos ojos profundos que tantas sensaciones me causaban y entonces todas mis defensas se vinieron al piso.
—¿Quieres explicarme qué pasó allá adentro?, Discúlpame si no entiendo por qué te pusiste así, pequeña— Expresó comprensivo.
Tantas sensaciones estaban inundando mi corazón en ese momento, no sabía cómo expresarlas, que decirle, si le hablaba de mi inquietud por la presencia de Margaret, pensaría que soy una persona egoísta, pero realmente no se trataba de egoísmo por mi parte, esa mujer era extraña, sombría, había algo en ella que no me gustaba y que sabía que tarde o temprano nos iba a causar grandes problemas.
—Te molestó el comentario de Margaret ¿Verdad?— Me dijo él como si pudiera leer mis pensamientos.
—Así es, mi amor, pero no quiero que pienses que me estoy predisponiendo hacia ella por tratarse de la madre de tu ex esposa, sólo que algo en su tono de voz, en lo que dijo acerca del retrato me pareció un tanto extraño— Le confesé con sinceridad.
Alex se me quedó mirando, pero en su rostro no se dibujaba ninguna expresión, así que no podía adivinar qué era lo que estaba pensando, hasta que se acercó y me envolvió en sus brazos.
—Por favor perdona a Margaret, mi vida, nunca había entrado otra mujer a mi casa, y es la primera vez que tengo una relación después de qué Olivia muriera, seguramente por eso debe estar comportándose así, pero te prometo que voy a hablar con ella—.
En ese momento sentí que el alma volvía a mi cuerpo, por fortuna Alex lo había entendido todo de una manera increíble, pero aún así la presencia de Margaret me perturbaba demasiado, y sabía que era cuestión de tiempo para que las cosas empezaran a cambiar en la casa.
—No te preocupes, amor, no le digas nada, esperemos que como dices se haya tratado de un malentendido por su parte, dejemos las cosas como están para no generar más tensión— Sugerí.
—Por eso te amo tanto, porque eres la mujer más generosa que existe, princesa— Dijo mientras se acercaba aún más a mí.
Nos encontramos en un beso apasionado, ardiente que dejaba salir el deseo que estábamos experimentando en ese momento, así como esa conexión de almas que sólo se da entre las personas que se aman verdaderamente.
—Alex, me encanta estar así contigo, pero ya tengo que irme, mi cielo, pero te prometo que en la noche le seguimos en donde nos quedamos— Propuse coqueta.
—No quiero dejar que te vayas, yo tampoco me quiero ir, quiero regresar a nuestra habitación y pasar todo el día contigo— comentó con voz ronca.
—Ya basta, señor Bennett, usted tiene que regresar a sus obligaciones y yo también, ya nos veremos en la noche—.
—Bueno, pues qué remedio, nos vemos en la noche, hermosa, y nunca olvides que te amo y que tú y mis hijos son lo más importante para mí en esta vida— Expresó con esa voz aterciopelada que me ponía a temblar cada vez que la escuchaba.
A pesar de qué mi esposo y yo habíamos hablado y todo estaba bien entre nosotros, la incomodidad acerca de Margaret persistía, necesitaba desahogarme y hablarlo con alguien que fuera completamente imparcial, y que pudiera entender la manera en que me sentía. Así que decidí ir a buscar a Angela, mi mejor amiga, sabía que con ella podía ser completamente sincera y expresar lo que mi atormentado corazón estaba sintiendo desde que regresamos de mi luna de miel .
—Amiga, ¿Tienes tiempo para platicar conmigo?— Pregunté con la esperanza de qué ella pudiera acudir como siempre lo hacía.
—Pero por Dios, Aurora, eso ni siquiera se pregunta, por supuesto que para ti siempre voy a tener tiempo, nos vemos en el café de la esquina de tu empresa— Dijo Angela y después cortó la comunicación.
Avancé rápidamente tratando de esquivar el tráfico lo mejor posible, mi mente estaba dispersa, y sólo quería sacar todo eso que estaba sintiendo por alguna extraña razón, Margaret me provocaba angustia, miedo, y así había sido desde la primera vez que la conocí, sólo que en ese momento ella no mostraba ninguna hostilidad hacia mí, tal vez sentía que yo le estaba robando el lugar a su hija o quién sabe qué cosas pasaban por su mente. Llegué a la cafetería y como era de esperarse, Angela ya me estaba esperando con su habitual sonrisa y esa manera tan espontánea que ella tenía.
—Ay no, no me digas que ya empezaron los problemas, pero tan pronto, si apenas acaban de regresar de su luna de miel—. Comentó en tono jocoso.
—No, Angela, las cosas con Alex están mejor que nunca, el problema es— Me quedé callada sin siquiera poder continuar la frase.
—El problema es esa vieja con cara de bruja que tienes metida viviendo en la casa de tu esposo, a mí desde el principio me pareció una muy mala idea pero no quise decirte nada para no incomodarte, pero esa mujer va a convertirse en una pesadilla para ti, amiga— Soltó Angela adivinando perfectamente la situación.