2 Desierto en el que Estaremos después de la Muerte Aunque el obstetra tenía setenta años, sabía cómo mantenerse joven. Lo explicaba rejuveneciendo un año cada vez que aprendía algo nuevo. Su calvicie suscitaba respeto porque se había despojado del pelo de la cabeza en aras de la ciencia. Aunque su cuerpo se había derrumbado, los reflejos del fuego que surgía de su alma podían verse a través de sus ojos que transmitían la vitalidad. Cuando le mimamos con cumplidos, el anciano fingió estar mareado de felicidad y dijo "Aunque los jóvenes son capaces de incendiar el mundo, ni siquiera encontraréis en ellos la chispa suficiente para encender sus almas". Además de mí, estaban en la sala el director del instituto y el director de la tesis. Los miembros asociados dejaron en manos de estos d

