El hombre la miró, y sus ojos se tornaron profundos e indescifrables. —Mmm. Zoé soltó un profundo suspiro. Sonrojada, volvió a insistir con suavidad: —Date prisa y bébelo. —No lo lamentes. El hombre abrió ligeramente sus finos labios y pronunció esas palabras con un tono suave y enigmático. Zoé se sorprendió. Antes de poder reaccionar, él le arrebató el vaso de agua de las manos. Lo sostuvo con elegancia y bebió hasta la última gota. Luego se lo devolvió y dijo: —¿No querías ayudarme a bañarme? Solo entonces Zoé recobró el sentido y, algo nerviosa, se apresuró hacia el baño. —Voy a llenar la bañera primero. Apenas se había girado y dado unos pocos pasos, cuando el hombre le sujetó la muñeca. —Nos bañaremos juntos cuando terminemos —dijo, con una leve sonrisa. Al instante, la ja

