Ya dentro del elevador no pronunció palabra alguna, se mantuvo circunspecto sin responder ninguna de mis quejas. Cuando por fin el elevador abrió sus puertas, intenté escapar y salir corriendo sin un destino aparente. Pero Dael me sujetó fuerte, tomándome de la cintura para cargarme en su hombro. — ¡Suéltame! —Exigí golpeando su espalda. Pasamos cerca de una habitación, las luz estaba encendida y una chica menuda, de cabello castaño se asomó en el umbral. La reconocí como la mucama, pues ya la había visto. La chica se mantuvo impasible en su lugar. — ¡Ayúdame! —La chica sólo me observó con curiosidad, y colocó su mano para ahogar una risa. ¿Qué le parecía divertido? Fruncí mi entrecejo, ya mi cuerpo estaba acalambrado de estar en la mis posición. Así que comencé a protestar con

