Capítulo 3

1044 Palabras
Mi corazón palpitaba con fuerza en mi pecho, mientras veía a través de los ojos furiosa del lobo mi reflejo. El lobo n***o rugía en mi cara con fuerza, temía por vida. Por el rabillo de mis ojos vi a las cuatro personas que estaban en el soportal de la gran casa. Pensé en gritarles que hicieran algo, pero entendí muy tarde que no harían nada por mí, pues se fueron por la puerta ignorándome. Dejarían que este lobo me devorará. De pronto vi como el lobo, observó a un punto en especifico, no me atreví a moverme ni un centímetro temía por lo que pudiera sucederme. Hasta que de pronto la gran bestia dejó de rugir y se apartó de encima de mí. — ¡Oh entiendo! —Escuché la voz de un chico detrás de mí. Aún estaba boca arriba en el suelo, y en mi periferia apareció el rostro de un chico rubio, de ojos de un verde extraño. Me ofreció su mano y yo sólo podía temblar al sentir la respiración del animal muy cerca. —Ven—Insistió ofreciendo su mano. Temblorosa la tomé y me coloqué de pie rápidamente. Muy cerca del chico. Sólo pude observar al gran lobo, era extremadamente grande no era un lobo común y su pelaje era tan n***o como el azabache. Traté de halar la corta bata que alguien me había colocado. El chico me observó divertido y luego carraspeó su garganta para tomar una postura más seria pero conservando esa sonrisa picara. Puse cara rara no estaba entendiendo nada. — ¿Es tuyo? —Pregunté refiriéndome al lobo. El chico soltó una risa. Y fruncí más mi entrecejo. — ¿Por qué no me acompañas? —Dijo señalando hacia la casa. Di un paso atrás de inmediato y noté como el lobo se alejaba hacia la casa. Me negué de inmediato—No—Dije alejándome—Debo irme. El chico colocó su dedo pulgar e índice en la punta de su nariz y me miro directo a los ojos. —No puedes—Afirmó. —Sí, sí puedo—Intenté, estaba empezando asustarme. —A ver, porque no te calmas—Dijo relajando los hombros—Y te llevó con mi alfa. ¿Alfa? ¿Se refería a su jefe? —Él puede responder todas tus dudas—Explicó. — ¿Me dejará ir? —Pregunté ansiosa. Elevó sus cejas como quien no sabe y hundió sus hombros. —Nadie te hará daño—Afirmo esta vez serio. El chico comenzó a caminar directo a la casa, él lobo había desaparecido. El chico rubio avanzó sin siquiera halarme o forzarme a seguirle. Observé los altos muros y el gran portón n***o, dónde se veía la lejanía. Si tan solo era lo suficientemente rápida y astuta quizás lograría escapar. —No puedes escapar—Dijo el chico como si leyera mis pensamientos avanzando y sin mirarme., mientras yo seguí estática en mi lugar. Vi hacia la altura del portón y en las dos grandes y perennes columnas se posaban dos pequeñas garitas donde estaban unos guardias observándonos con sus armas empuñadas. Respiré lentamente, y mi única opción era seguirlo y ver que podría lograr si iba con él. Si me arriesgaba y corría hacia los muros sólo lograría que uno de esos hombres me disparasen directo a la cabeza, y muerta no serviría para nada. Así que a regañadientes seguí al chico de nuevo hacia la casa. ¿Qué era este lugar? Era semejante a una fortaleza. Mis pies descalzos dolían por la fricción que ejercí mientras corría. Seguí al chico hasta que entramos a través de la gran puerta y pude ver la gran sala que no pude detallar mientras corría por mi vida. Estás personas tenían dinero eso era seguro, y eran amantes de lo estilizado y los colores sólidos y fríos. Seguimos caminando entre pasillos cubiertos por alfombras de un color caoba, cuadros hechos por un profesional decorando sus paredes, pero nada que me indicaran que vivía una familia allí. —Entra—Exclamó el chico en una gran puerta de color n***o. Vi la puerta dudosa un millón de probabilidades surgieron en mi mente, no conocía a estas personas y podría estar involucradas en un mundo cruel. El chico elevó una de sus cejas y me miro con impaciencia. Di unos pasos y sólo escuchaba mi respiración mientras me acercaba a la gran puerta. El chico abrió la puerta para mí y la dejo entre abierta. —Nadie te hará daño—Repitió como di quisiera darme ánimos. Lo observé dudosa y él sólo me ofreció una sonrisa afable haciendo un ademán para que entrara. Tomé la perilla en mi mano y él chico sólo, se alejó y se fue entre los pasillos. Por alguna extraña razón sentía algún tipo de presentimiento o sólo era mi mente loca. Por fin entré y lo que encontré fue una pequeña biblioteca con un escritorio en medio que funcionaba como una pequeña oficina unos grandes ventanales Una laptop en el escritorio la silla estaba colocada en una posición como si alguien se acabara de levantar de ella. Me mantuve observando todo mi alrededor en busca de un movimiento un apersona sentada a la que no lograba ver pero no había nadie allí. Vi una segunda puerta, que podría ser un armario. Comencé a caminar al interior de la habitación sigilosamente con mucho cuidado y mi mente no dejaba de pensar en las mil maneras que me harían daño. ¿Qué estaba haciendo aquí y no huyendo? Iba a darme media vuelta cuando escuché unos pasos aproximarse, pero no por dónde había ingresado a la habitación sino de la otra puerta al fondo la que se encontraba debajo de una pequeña escalera que daba acceso a una biblioteca. La incertidumbre me asechó de inmediato y mis manos comenzaron a sudar, los ellos de mi nuca se erizaron y un calor me arropó todo el cuerpo. Vi como la perilla de la puerta comenzó a moverse alguien del otro lado intentaba abrirla pensé en huir pero mi curiosidad ganó. ¿Han escuchado esa frase de “La curiosidad mató al gato”? Bueno, yo era el gato y la curiosidad mi debilidad.
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